El famoso psicólogo H.J.Eysenck estudió la superstición de las palomas y sus conclusiones apuntan a que sufrirían mucho si jugaran a la lotería, porque las palomas pueden llegar a ser muy supersticiosas. Y si ellas pueden ser supersticiosas, cómo no vamos a serlo nosotros, los humanos. Esto último podría haberlo señalado Brian, en la película de los Monty Python.
Somos tan supersticiosos que, como apunta James Curran, inventamos instituciones para gestionar la superstición. La más importante de ellas fue el Papado, que ha subsistido durante más de dos milenios. El Papa tiene bula, el Papa es infalible, el Papa tiene frío, el Papa está cansado, al Papa le gustan las papas... todo esto forma parte de nuestras supersticiones (quizás no la última).
Y yo me pregunto como siervo humilde, ¿no sería mejor que esta superstición fuera gestionada democráticamente? Aunque por otro lado... ¿qué podemos pedir a un ente que lleva dos mil años de existencia y ha acumulado el poder tacita a tacita, a veces, apoyándo(se) en regímenes un poquito fascistas, o incluso promoviendo la acusación de que otros supersticiosos como los musulmanes o los judíos eran herejes. No todas las supersticiones tienen el mismo valor. Por eso (y porque da mala suerte), el Papá no puede ser supersticioso. Si alguien lo ha visto, por ejemplo, saltando de baldosa en baldosa evitando aquellas que tienen vetas negras, es muy probable que no sea el Papa. Será otro que se le parece porque el Papa no es supersticioso.
El Papa tiene carisma, incluso aunque pida que la gente se suicide haciendo el amor sin condón. El reverendo Jim Jones les pidió a los seguidores de su secta que se envenenaran con cianuro y 909 le hicieron caso. Fue un crimen. Jones fue tachado de loco criminal. Es cierto que Jones no tenía tanto carisma como el Papa, y eso lo cambia todo. La prueba del algodón sería pedirle al Papa que hiciera el amor sin condón con alguien que tuviera el VIH. Pero esto es imposible porque el Papa tiene que ser célibe, y esto es precisamente lo que se les pide a los africanos, que se mantengan célibes... tan célibes como el fundador de los legionarios de Cristo o muchos curas irlandeses, alemanes o españoles.
Pues eso, que como ZP está muy atribulado con los presupuestos, es un poco supersticioso y teme polarizar al electorado, ha decidido archivar la nueva ley sobre libertad religiosa. Así que, todos, en comandita, seguiremos pagando de nuestro bolsillo el coste de la gestión de la superstición (para quien no crea en el catolicismo).
Somos tan supersticiosos que, como apunta James Curran, inventamos instituciones para gestionar la superstición. La más importante de ellas fue el Papado, que ha subsistido durante más de dos milenios. El Papa tiene bula, el Papa es infalible, el Papa tiene frío, el Papa está cansado, al Papa le gustan las papas... todo esto forma parte de nuestras supersticiones (quizás no la última).
Y yo me pregunto como siervo humilde, ¿no sería mejor que esta superstición fuera gestionada democráticamente? Aunque por otro lado... ¿qué podemos pedir a un ente que lleva dos mil años de existencia y ha acumulado el poder tacita a tacita, a veces, apoyándo(se) en regímenes un poquito fascistas, o incluso promoviendo la acusación de que otros supersticiosos como los musulmanes o los judíos eran herejes. No todas las supersticiones tienen el mismo valor. Por eso (y porque da mala suerte), el Papá no puede ser supersticioso. Si alguien lo ha visto, por ejemplo, saltando de baldosa en baldosa evitando aquellas que tienen vetas negras, es muy probable que no sea el Papa. Será otro que se le parece porque el Papa no es supersticioso.
El Papa tiene carisma, incluso aunque pida que la gente se suicide haciendo el amor sin condón. El reverendo Jim Jones les pidió a los seguidores de su secta que se envenenaran con cianuro y 909 le hicieron caso. Fue un crimen. Jones fue tachado de loco criminal. Es cierto que Jones no tenía tanto carisma como el Papa, y eso lo cambia todo. La prueba del algodón sería pedirle al Papa que hiciera el amor sin condón con alguien que tuviera el VIH. Pero esto es imposible porque el Papa tiene que ser célibe, y esto es precisamente lo que se les pide a los africanos, que se mantengan célibes... tan célibes como el fundador de los legionarios de Cristo o muchos curas irlandeses, alemanes o españoles.
Pues eso, que como ZP está muy atribulado con los presupuestos, es un poco supersticioso y teme polarizar al electorado, ha decidido archivar la nueva ley sobre libertad religiosa. Así que, todos, en comandita, seguiremos pagando de nuestro bolsillo el coste de la gestión de la superstición (para quien no crea en el catolicismo).

























