CELDILLAS

17 de abril de 2015

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)
Esta es la tercera entrega de una serie sobre la cobertura informativa de Podemos.
Lo muy innovador no triunfa: no se entiende, desconcierta o asusta a las mayorías. El éxito reside en una estrategia híbrida, que combina los medios según sus audiencias (número de inviduos atentos o sintonizados) y su relación con los públicos (pasivos en los tradicionales y activos en los digitales). La remezcla de lo existente y lo novedoso parece ser la fórmula adecuada.
Podemos tiene algo de berlusconismo: liderazgos y canales televisivos propios, aunque su escala no sea comparable. Los programas de TV digital de Podemos – en plataformas o cadenas ajenas – señalan una situación más débil que la llamada “TDT party” (confluencia de Tea Party y televisiones digitales en abierto) y en manos de la (ultra)derecha. Estos canales fueron los primeros que se abrieron a P. Iglesias. Y coinciden con Podemos en que el proyecto político se fragua, primero, como comunicativo. Esto es, el medio antecede al partido. Podemos buscaba en estas televisiones visibilidad: audiencias masivas, movilizables  hacia el voto (si son afines) o a la abstención (si son contrarias). No quería construir un “media party”, que es como se catalogaba a Forza Italia. Este modelo presupone un control mucho mayor de la televisión en abierto y masiva.
Podemos también hegemonizó la Red, sumando y canalizando la actividad de los internautas. Otro condottiere mediático, esta vez digital, Beppe Grillo ha sido tambien invocado como referente de Podemos. Les diferencia la personalización, el centralismo y el autoritaritarismo del cómico italiano en su organización(1). La tecnopolítica digital también ligaría Podemos y el Partido X, máximo exponente de un partido en red: sin nombres ni caras públicas, llevó las lógicas del entorno digital a sus últimas consecuencias. Comparte con Podemos la premisa de que la arquitectura comunicativa precede a (y así determina) la estructura organizativa. La concentración y flujos de información, las ventanas de transparencia y participación determinan el reparto del poder. Esto en el Partido X era un axioma, que postulaba el ámbito digital como prioritario para el activismo y la movilización electoral.
Podemos ha cooptado miembros e iniciativas de este “partido en red” pionero, que ya no se presentará a más elecciones, tras no conseguir escaños en el Parlamento Europeo. Y Podemos, en lugar de absolutizar la Red como plataforma única o prioritaria, la subordina a la construcción de un partido más convencional, que antepone la movilización en las calles o hacia las urnas. Esto último, el “asalto electoral” a las instituciones, les diferencia del quincemayismo menos politizado.
Pero las novedades de Podemos como partido provienen del 15M o la tecnopolítica. Del primero toma la transversalidad, el asamblearismo, los mecanismos de revocación y transparencia, el autofinanciamiento con micromecenazgos… nada de ello posible sin Internet. Y, como ya apuntamos, Podemos usa las redes sociales no sólo como medio de comunicación, sino también de organización. Votaciones masivas con dispositivos digitales han decidido la estructura, los candidatos y los programas. Y se han combinado con asambleas multitudinarias, locales o sectoriales, que también se apoyan en herramientas digitales para alcanzar consensos. Podemos destaca como el mayor usuario de Reddit, Loomio o Appgree.
El nuevo partido entendió la televisión como plataforma en la que las elites se proyectan según sus disposiciones e intereses. Aquí se trataba de introducir “el sentido común” y articularlo políticamente, para alterar la correlación de fuerzas. Algo que las elites constataron con los primeros resultados electorales. Podemos utilizó la Red para promover la conversación social y rentabilizar la autonomía de su público afín. Éstos constituyeron comunidades de afinidad (a veces anteriores a los grupos de militancia presencial o Círculos), viralizaron y remezclaron los programas de Podemos.
La secuencia ha sido, por tanto, primero asegurarse una producción propia (académica y televisiva), que acabaría adoptando el formato de tertulia. Difundirla, al mismo tiempo, en canales ciudadanos: al inicio, una televisión local (Tele K, decana de la televisión comunitaria madrileña desde 1992, amenazada por la Comunidad de Madrid) y, luego, las redes sociales. Así Pablo Iglesias logró captar la atención de algunas televisiones digitales extranjeras, a las que su equipo de producción entregaba el programa cerrado. Luego le invitaron a las tertulias de las teles digitales de la derecha y, finalmente, de dos cadenas generalistas en abierto (Cuatro y La Sexta). La televisión (hegemónica en la dieta mediática, incluso de los internautas) y las tertulias (el formato de “información” política por excelencia)  daba visibilidad. Pero fue la Red la que permitió el trasvase hacia las grandes televisiones. Y las redes sociales cooperaron simbióticamente con las cadenas privadas, aumentando su difusión, viralizando los programas o los fragmentos más intensos de las tertulias. Sin embargo, la estrategia de colaboración parece haber llegado a su fin.
(1)Treré, E. y Barassi, V. (en imprenta). “Net-Authoritarianism? How Web Ideologies reinforce Political Hierarchies in the Italian ‘5 Star Movement’”, Italian Journal of Cinema and Media Studies, vol 3:3.
Este texto remezcla y simplifica el artículo de Víctor Sampedro que aparecerá en el próximo número de la revista Teknokultura
Con ésta ya son 100 las entradas publicadas en el blog de El 4º Poder en Red, desde su inicio en febrero de 2014. Hemos escrito y publicado en pie de igualdad, sin distingos académicos ni laborales. Sin fronteras disciplinares ni retribución económica y, por tanto, sin filtro previo. En un espacio que, liberado de licencias privativas, ofrecemos como espacio comunal y mancomunado. Un remedo, apenas un esbozo de la esfera pública que ansiamos. El orgullo de mantenerla activa se justifica por haber sido capaces de convocarles a todos ustedes a habitar este lugar. Pasen y escriban, comenten, viralicen, redifundan y remezclen. Suyo es, y nuestro no.

9 de abril de 2015

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red
Esta es la segunda entrega de una serie sobre la cobertura informativa de Podemos.

La fuerza política revelación de 2014, Podemos, ha pasado en menos de un año del apagón a la sobre-exposición mediática. De la inexistencia pública al acoso simbólico. Los más pesimistas y amedrentados vaticinaban: “la casta va a morir matando”. Algunas de sus armas son la prensa de papel, en manos de los acreedores bancarios, y los “entes” radiotelevisivos, controlados por las administraciones públicas. Ambos sectores mediáticos transitaron del silencio ominoso al ruido constante sobre el nuevo partido. Las televisiones privadas, por su parte, después de haberse lucrado con “la burbuja mediática de Podemos”, mantienen audiencias altas, si se dedican a desinflarla.

Todo empezó en Somosaguas

El éxito mediático de Podemos parte de las teorías de la hegemonía ideológica que estudiaron sus líderes[1]. Su estrategia se asienta en la combinación secuencial de producción audiovisual propia, del uso intensivo de redes digitales y de una utilización estratégica de los medios tradicionales. Si bien, las limitaciones a las que se han ido enfrentando dan buena cuenta de la importancia que sigue teniendo la economía política de los medios convencionales, aún mayoritarios, y todavía decisivos para disputar esa ansiada hegemonía.

El germen de Podemos fue la asociación estudiantil “Contrapoder”, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, en el campus de Somosaguas. Asociación a la que, tiempo después, se sumó un nuevo actor universitario, nacido de la alianza de profesores e investigadores críticos de dicha Facultad, que fundaron “La Promotora”.

Bajo el amparo de esa red, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, celebró en mayo de 2010 el seminario 99 Seconds, one step beyond. Transición, calidad democrática e impunidad: nuevas perspectivas generacionales. El título ya ilustraba entonces la carga simbólica generacional que encarnaría posteriormente Podemos. Ya en ese momento están presentes los ingredientes básicos de lo que será después su discurso: impugnación de la Transición, cuestionamiento de la calidad democrática del régimen al que dio lugar, y necesidad de purgar las responsabilidades.

Esta experimentación con formatos televisivos y con cierto toque de cultura popular, potenciada con estrategias de difusión en las redes digitales, llevaron a que cuatro años después (el 25 mayo de 2014) Podemos lograra cinco eurodiputados y 1.245.948 votos en la primera elección a la que se presentó.

Unos constructivistas heterodoxos

El perfil comunicativo de Podemos responde al enfoque constructivista que, con ciertos toques posmodernos, comparten sus líderes, todos ellos politólogos de la citada Facultad. Su trayectoria responde a lo que Pierre Bourdieu llamaría la transformación de capital cultural o intelectual (el único con el que en verdad contaban) en capital simbólico (mediático) y, de ahí, en político (puestos de representación pública).

No son posmodernos, relativistas ni cínicos. Tampoco políticos profesionales. Su objetivo no es solo electoral. No buscan sumar siglas partidarias ni de movimientos sociales, sino rearticular los actores políticos existentes, dotándolos de nuevas narrativas. Quieren pelear el significado de los significantes clave, los términos fetiche del sistema político: “democracia”, “pueblo”, “izquierda-centro-derecha”. Intentan, por tanto, emplear los medios de comunicación para, en palabras de Íñigo Errejón, “articular distintos grupos sociales, en una dirección nueva y universal que trascienda sus particularidades”.

El éxito electoral y demoscópico de Podemos respondió a su habilidad para esa resignificación del voto, desvinculándolo del eje izquierda-derecha. Porque, según sus análisis, este marco discursivo afianza el bipartidismo de facto en España (PP-PSOE), que el nuevo partido vino a impugnar.

“Consenso conflictivo” e identidades en disputa

No menos relevante ha sido cómo Podemos canalizó electoralmente “la indignación”. Las encuestas muestran, desde hace años, un “consenso de conflicto o conflictivo”. Se trata de un clima social mayoritario, de simpatía y adhesión a las demandas del 15M que pone encima de la mesa el conflicto, para graduarlo y gestionarlo de forma abierta y participada. Es un consenso, por tanto, contrario (incluso antagónico) al de la Transición (basado en acuerdos entre elites, a puerta cerrada y con vetos). Su implantación es tan mayoritaria y trasversal en la sociedad como las adhesiones que Podemos convocó en el cuerpo electoral.

Podemos concibe la comunicación política transformadora como el intento de modificar los discursos que las mayorías sociales reciben y generan. Lo que escuchan y se cuentan, ven y difunden, leen y escriben sobre sí mismas. Las narrativas importan porque definen (en realidad, construyen) esa mayoría social y lo que le mueve a votar o protestar. Para que se pongan en movimiento importa, sobre todo, determinar contra quién han de hacerlo y en nombre de quién.

Los líderes más televisivos de Podemos dieron nombre al “enemigo”, imprescindible para activar las identidades políticas. Señalaron “la casta” como el objetivo a desalojar de las instituciones. Presentaron al “pueblo”, como víctima del ajuste económico y de “la corrupción” del “Régimen del 78”. A fin de cuentas, el ambiguo e indefinido proyecto electoral del partido se limita a dos objetivos: 1) sustituir las políticas regresivas de ajuste económico por otras expansivas, garantes de bienestar social y crecimiento sostenibles; 2) abrir “el cerrojo” de la reforma constitucional, tras purgar la corrupción.

La efectividad mediática de Podemos resulta tan innegable (hasta el momento) como incierto el futuro. Su irrupción en el Parlamento Europeo dejó en situación de interinidad al principal partido de la oposición y a la Jefatura del Estado. El antiguo líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba y el Rey Juan Carlos I tuvieron que dar un paso forzoso (muy forzado) a sus reemplazos.

En el arranque de 2015, aquel partido friqui era ya una amenaza. El resto de los partidos ya no parodiaban, sino incorporaban, su discurso mientras que, al mismo tiempo, intentaban revertirlo en su contra.

Releyendo a Gramsci: España 2015

Toda hegemonía, sostiene Gramsci (y suscriben, sin duda, los ideólogos de Podemos), será siempre contingente. Por ello, la estrategia mediática será también variable. Quién articula y capitaliza “una voluntad colectiva nacional y popular” (el objetivo gramsciano de toda disputa hegemónica) depende de la correlación de fuerzas y, no menos importante, de las narrativas que emplee.

Según el post-estructuralismo que suscriben los politólogos de Podemos, el discurso crea los actores políticos (y no al contrario), al presentarlos como protagonistas de un discurso que acaba determinando la forma de percibir y defender sus intereses. Nada está predeterminado. Ni siquiera por el control de los medios de producción o comunicación.

Sin embargo, tras el arranque del ciclo electoral (que concluirá con las próximas Elecciones Generales, a finales de 2015) el tablero político-comunicativo muestra una capacidad de resistencia considerable. No debiera menospreciarse la sacudida y obligada mutación que imprimió Podemos en el resto de partidos. Su éxito ha sido considerable en términos discursivos, pero la visibilidad alcanzada ha mutado, en poco tiempo, de favorable a hostil.

En lugar de hegemonía, Podemos quizás haya generado contra-hegemonía: oposición manifiesta. Desbordó los límites del discurso legitimado, sí, pero esto no parece suficiente para desplazar -al menos todavía- a sus portavoces.

[1] Es especialmente significativo al respecto, la tesis doctoral de Ínigo Errejón, secretario político del partido, sobre el proceso de hegemonización del MAS en Bolivia. Puede descargarse en: http://eprints.ucm.es/14574/1/T33089.pdf

Este texto remezcla y simplifica el artículo de Víctor Sampedro que aparecerá en el próximo número de la revista Teknokultura.

2 de abril de 2015

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red

*Esta es la primera entrega de una serie que publicaremos sobre la cobertura informativa de Podemos. Nos basamos en las Sesiones del Curso sobre Esfera Pública Digital del Máster CCCD.

Ha pasado un año desde la irrupción de Podemos. Un año en el que, de nuevo, se demostró que la esfera pública española es un campo de batalla donde impera la ley del más fuerte: un darwinismo mediático marcado por las alianzas partidarias y económicas de los medios de comunicación convencionales.

Podemos fue clave al introducir en los medios el discurso quincemayista, crítico con la Transición y con el Régimen del 78. Sin embargo, ese discurso corre el riesgo de ser fagocitado por Ciudadanos, partido más afín a las élites que Podemos pretende combatir. La lógica mercantilista y las alianza partidarias señalan una secuencia marcada por: la guerra de audiencias, el cierre discursivo y la guerra sucia.

Primera fase: la audiencia lo es todo

Podemos da audiencia. Pablo Iglesias aumenta el número de espectadores de los programa televisivos en los que aparece gracias a: su particular lenguaje, que mezcla lo emocional y lo estético; su temple, al hacer frente a tertulianos vociferantes y acostumbrados a la marrullería; y al incipiente “discurso del sentido común”, que más tarde se convertirá en el principal eslogan de su formación. Características que conectan, casi instantáneamente, con el imaginario del público.

Sin saberlo, en su afán por ganar audiencia, los medios permiten que el latente “No nos representan” derrumbe su muro mediático. Antes, dicho discurso había pasado tres años a fuego lento en los medios alternativos, calando poco a poco en la opinión pública.

Fue desde principios de 2014 cuando Iglesias logra introducir un discurso que recoge, ente otras, las principales demandas de la PAH y de las distintas mareas, así como las voces más críticas con el capitalismo… Las lanza, ni más ni menos, que en prime time. La falta de carisma y aparente desconexión con la realidad de los principales líderes políticos (Rajoy en el PP, Rubalcaba en el PSOE, Cayo Lara en IU) hacen el resto: le ofrecieron en bandeja la rampa de lanzamiento para un mensaje que se llevaba perfeccionando cinco años.




Justo cinco años antes de las Elecciones Europeas de 2014, Pablo Iglesias presentó el primer programa de 99 segundos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Un espacio de debate creado por alumnos y docentes de la propia universidad. Poco tiempo después comenzó a emitirse La Tuerka en la televisión local de Vallecas, TeleK. Después, Iglesias da el salto a la TDT, donde sorprende a tertulianos de extrema derecha, a quienes utiliza de sparring mediáticos. Se entrena con ellos, pule su estilo y entra en los platós de las grandes televisiones.



El último paso de esta etapa se da en los platós de Cuatro y La Sexta. Desde ahí, la figura mediática de Pablo Iglesias se transforma en Podemos. Logrará más de un millón de votos y envía cinco diputados al Parlamento Europeo.

Segunda Fase: el cierre discursivo

Los resultados de las Elecciones Europeas son el primer toque de atención. Por primera vez en 30 años, los votos de PP y PSOE sumados no superan el 50%. Hasta aquel momento, las élites y los medios del bipartidismo se habían limitado a ignorar a Podemos. A partir de entonces, empezarán a considerarlo una amenaza.

Las encuestas demoscópicas de septiembre de 2014 comienzan a mostrar que la formación liderada por Iglesias no había sido una simple receptora del voto de protesta en unas elecciones menores. Podemos se consolida como opción política, y los poderes políticos empiezan a darse cuenta de que el espacio discursivo de Podemos debe cerrarse. Mensaje que pronto encuentra correlación en los medios convencionales, que actúan en consecuencia.

La reprimenda llega incluso a darse en antena. Esperanza Aguirre, líder del Partido Popular en la Comunidad de Madrid, cuestionó en directo el tratamiento informativo que un medio de comunicación privado había dado a las elecciones griegas, así como la relación establecida entre Syriza y Podemos. Aguirre calificó de “propaganda” dicha cobertura y terminó increpando a la presentadora.



Los medios captaron el mensaje. La estrategia es clara: generar la mayor visibilidad posible del partido (aprovechando su tirón de audiencia), pero con un sesgo mediático negativo. El grifo de la transmisión de ideas se cierra y los miembros de Podemos ya solo aparecerán para defenderse de ataques y descréditos. La formación de Iglesias tiene parte de responsabilidad en este giro. Si responde a las preguntas de los periodistas sobre las líneas básicas de su programa diciendo que esto será consultado a los expertos y a los seguidores, solo cabe centrarse en lo líderes. Serán objetivos a batir.

Portada de ABC del 10 de febrero de 2015:
Portada de La Razón del 27 enero de 2015:


Tercera fase: comienza la guerra sucia

La última etapa comienza con la campaña contra Juan Carlos Monedero. Dicha estrategia cumple con éxito sus objetivos: derribar al número tres de la formación, implantar el mensaje de que nadie está limpio de corrupción y frenar el impacto electoral de Podemos. Era el bloqueo al potente inicio de campaña electoral que había protagonizado tras la multitudinaria convocatoria de la Marcha por el Cambio.

La portada de ABC (10/02/2015) fue significativa de las prioridades informativas imperantes. Era el día después de la eclosión del escándalo de la lista Falciani. El periódico utilizó su portada para, en vez de dar cuenta de ello, atacar la imagen de las universidades españolas. ¿Tendría algo que ver la presencia del apellido Luca de Tena –fundador e histórico editor de ABC– en la lista?

Surge la paradoja. Mientras medios de todo el mundo tratan las lista Falcini, los principales medios españoles hacen caso omiso y dedican un amplio despliegue a Monedero, profesor universitario, y sin ningún puesto de responsabilidad política. En contraposición, nadie dedica atención a cómo un banco internacional ha orquestado una operación masiva para que las principales fortunas del país rebajen al mínimo su carga impositiva, Una vez más, la esfera pública española vuelve a traicionar el derecho a la información de los ciudadanos.

Portada El Mundo 10 de febrero 2015:


Portada El País 10 febrero 2015:
Para El País, los vagos recuerdos de Claus Offe, un académico de ochenta años que reconoce tener “mala memoria”, son utilizados para acusar en portada a Juan Carlos Monedero de haber falsificado su currículum. Una decisión periodísticamente inaceptable que lleva, días después, a la Defensora del Lector del propio diario a reprender al director adjunto del periódico y a pedir disculpas a los propios lectores.

A la maniobra contra Podemos se suman incluso las instituciones del Estado. Cristobal Montoro, ministro de Hacienda, utiliza el fisco español para amedrentar a Iglesias, Monedero y al resto de miembros del partido. Estrategia que es definida, incluso por Federico Jiménez Losantos, como una “vulneración de sus derechos” contraria al marco legal sobre protección de datos fiscales vigente en España.



Sin embargo, la campaña consigue sus objetivos. Se descubre que Hacienda llamó uno a uno a los españoles de la lista Falciani para que se pusieran al día con sus obligaciones fiscales. Pero Monedero tuvo que presentar una declaración complementaria, dar una rueda de prensa con las facturas de su trabajo y apartarse, finalmente, de la primera línea del partido.

La estrategia político-mediática se había cumplido. Refuerza lo existente y frena lo emergente.

Continuará…

25 de febrero de 2015

Millán Fernández
Politólogo, consultor y analista político (@millanfernandez)

Este que abre es un año apasionante en lo político y en donde se hace obligatorio poner el foco de atención en una primera parada: Grecia. El país heleno, cuna de la civilización occidental y del concepto de Democracia, que ha sufrido como pocos del continente la estafa turbocapitalista en curso, nos brindará la oportunidad de comprobar si la catarata de amenazas amplificada por la propaganda del Partido del Orden -bipartidismo de Nueva Democracia y PASOK- y por buena parte de los mass media, surtirá el efecto deseado por los intereses de la financiocracia global: preservar para la periferia europea un régimen deudocrático permanente que exprima su sangre a los pueblos al tiempo que les reserva un papel testimonial y subalterno basado en mano de obra semi-esclava a precios bajos para el Norte. Sabremos entonces si esta anomalía de subyacente inspiración totalitaria e imperialista alrededor del tótem del mercado y la moneda única se ha consumado ya por fin para una era de predominio post-moderno en cuanto a valores y pre-moderno cuando atendemos a estructura económica, relaciones políticas o ideales en tensión. Pero hay resistencias. Y respuestas alternativas.

La coalición de izquierda radical Syriza acude a estas precipitadas elecciones con opciones reales de acceder al gobierno de Atenas después de un proceso de construcción y consolidación pausada -así como de experiencias acumuladas en estos años de Gran Regresión- habiendo hecho un giro centrista y pragmático. Se presenta ante un pueblo exhausto por las reformas de castigo neoliberal y la ortodoxia austeritarista auspiciada por el diktat del eje franco-alemán y la Troika, que lo arrojaron al límite del colapso social. Con un programa socialdemócrata clásico que contempla una inexorable reestructuración de la deuda odiosa. Y los griegos, heridos en lo más hondo en su dignidad nacional debido a la intervención flagrante de poderes ajenos, acudirán a las urnas con la sensación de haber sido cobayas de laboratorio en manos de élites que substrajeron hasta el último reducto de soberanía; pero ahora tienen la oportunidad de cambiar el rumbo sirviendo de inspiración a las sociedades del Sur y avanzando tal vez una reconstrucción constituyente, y si fuere posible, en el seno de unas instituciones comunitarias corroídas por la corrupción que implica violentar las voluntades populares renunciando a la aspiración primigenia de representarlas según lo expuesto en la promesa fundacional. Y no sólo por el pecado original de no haber sido elegidas democráticamente, si no por la degradación de los últimos tiempos en su dependencia extrema del gran Capital.

Sería mortal para el proyecto histórico de paz e integración regional, política y cultural europea seguir abandonando a los griegos menospreciando su legítimo anhelo de justicia social. Ya vislumbramos las grietas también dentro del precario equilibrio multicultural en el seno de las sociedades alemana, francesa o del Reino Unido -y también respecto de la institucionalidad de la UE- pero la gestión de este caso determinará la suerte de todo el edificio. En palabras de Yanis Varoufakis, autor de El Minotauro Global: “necesitamos un New Deal para Europa” (1)  que destierre la idea de ella asociada al rigor presupuestario y al economicismo cruel e insolidario que deja en el camino a millones de seres humanos.

En el estado español, el año se presenta asimismo caliente, y no menos interesante; elecciones municipales y generales que se celebran en condiciones excepcionales. Desde principios de la década experimentamos un imparable proceso de aceleración histórica: eclosión del movimiento indignado del 15-M , con su evolución, ramificaciones y repercusión en el ciclo movilizador -enfriado- y potencialmente destituyente subsiguiente, mayoría absoluta de la derecha, crisis de partidos e instituciones del Régimen del 78 alimentada por el afloramiento de tal cantidad de casos de corrupción que advierten un sistema cleptocrático ineficiente, proceso soberanista catalán, fin de la actividad armada de ETA, abdicación del Jefe de Estado post-franquista e irrupción de una fuerza que pronto revolucionará el panorama del sistema de partidos que habíamos conocido hasta la fecha.

Dejando a un lado otro tipo de consideraciones acerca de Podemos en las que coincido en buena medida con lo expuesto por el profesor de Derecho Constitucional de la UB, Gerardo Pisarello, de Guayem, en un artículo aparecido en Público (2) -sobre todo en lo referido a que “si Podemos aspira a gobernar y transformar las actuales relaciones de poder necesitaría no sólo a IU o Equo si no a ERC, Bildu, Anova, CUP, ICV, Compromís o BNG”, como fuerzas vertebradoras de la ciudadanía más consciente para resistir los ataques que vendrán- hay otras circunstancias que hacen común las luchas en Grecia y aquí y que van más allá de programas económicos y políticos más o menos concordantes, salvando las distancias entre realidades incomparables: el papel jugado por las llamadas cibermultitudes en red tanto en la denuncia y deslegitimación de las entrañas corruptas del poder establecido y su papel en la revelación de los secretos oficiales3 como en su crucial hacktivismo a la hora de liberar y compartir información saltándose los canales de comunicación unidireccional, o fomentando el debate y el acuerdo -virtual- a través de distintas plataformas sin renunciar al encuentro físico. Muy al contrario.

Las cibermultitudes en red han ayudado a repolitizar el conjunto social en y gracias a la experiencia digital y al -buen- uso de las redes sociales y demás herramientas de la web 2.0. También se han nutrido de información alternativa en un escenario de transformación imparable del periodismo, convirtiéndose en flujo constante de contrapoder mancomunado que “reventó” en fenómenos de inspiración tecnopolítica y asamblearia como el 15-M (4) en España o, anteriormente, en las llamadas Primaveras árabes. De alguna manera, el Cuarto Poder en red (5) del que habla el catedrático Víctor Sampedro ha tomado forma corpórea en el tránsito de la indignación como causa hacia el deseo de cambio como consecuencia y empieza a vehiculizarse a través de ofertas políticas que sintonizan y aspiran a capitalizarlo -imposible, por incontrolable- proyectándolo en las instituciones. Estas dinámicas se habían gestado en Syntagma o Sol a rebufo de lógicas hijas directas de la sociedad-red que escudriñó Manuel Castells en Comunicación y Poder hace más de una década. Y el resultado de sus consecuencias es palpable.

Entonces, si hubo una fuerza en el estado español que ha sabido interpretar el entorno digital y su creciente influencia en la conformación de la agenda informativa y de la opinión pública contra-informando a la vez, para las masas, esa ha sido Podemos. Como “heredera” en el plano político del fenómeno movimentista surgido a raíz del 15-M -impulsado por nativos digitales- e imbricada en otras redes tejidas en la sociedad como la impulsada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, supo leer el potencial político que tiene adaptar los marcos discursivos al sentimiento de la comunidad bebiendo de el para lanzar mensajes al común. De ahí que otros actores no acierten a encuadrarla convenientemente: desde “populistas bolivarianos” por la derecha a una suerte de “oportunistas lerrouxistas” por parte de cierta izquierda y sectores nacionalistas de las naciones sin estado. Y la clave estriba, a mi juicio, en el entendimiento y la simbiosis generada entre el nuevo sujeto político articulado y una multitud preferentemente conectada que apuesta por nuevas formas de ciudadanía pero que está presa en parte, todavía, por cierta banalización del compromiso cívico.

Pablo Iglesias -y demás notables estudiosos de la demoscopia y de la sociología electoral que promovieron la iniciativa después de captar la ventana de oportunidad que surgía- es el primer líder español genuinamente 2.0: de la batalla comunicativa en red y en el ámbito académico dio el salto al campo de las tertulias televisivas y demás medios tradicionales para cubrir el vacío de nuevos relatos, saciando la demanda, y creando opinión contra-hegemónica. Ahí reside una de las explicaciones posibles de su fulgurante éxito, pero también algunas de sus posibles debilidades en el largo plazo.

Como recoge el periodista lucense Anxo Lugilde en su ensayo De Beiras a Podemos (6), o apuntaba Enric Juliana hace meses en La Vanguardia (7), la experiencia de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) en las autonómicas gallegas de 2012 sirvió como banco de pruebas del que Pablo Iglesias extrajo enseñanzas y algunos de los rudimentos que aplica hoy en primera persona a nivel general. Sobre todo en aquel apartado comunicativo que no desprecia el potencial que atesora un buen trabajo en red, con su contrastada repercusión en la agenda pública. También por la claridad del mensaje, contundente y directo, como hace Xosé Manuel Beiras desde los años 70.

Otra generación, a través de otros formatos y en otros contextos, lidera hoy el deseo colectivo de cambiar las sociedades para que los de abajo tengamos voz en las decisiones que nos afectan. Es el reto de la participación y de la complementariedad ciberdemocrática. De lo contrario, esas cibermultitudes en red serán igualmente implacables fiscalizando a cualesquiera nuevos inquilinos del gobierno. Y este podría ser el año en el que los gobiernos, por vez primera, sean suyos. Estaremos atentos, por supuesto. También en la red.



Referencias:

1. Grecia, los cien primeros días de Syriza, entrevista a Yanis Varoufakis. Revista SinPermiso.

2. “Podemos y el derecho a decidir”, Gerardo Pisarello. Publico.es, 2 de Enero de 2015

3. Revelaciones de Wikileaks y “caso Snowden”.

4. Tecnopolítica, Internet y R-evoluciones. Sobre la centralidad de redes digitales en el #15M. Obra colectiva. Icaria.

5. Cuarto Poder en Red. Por un periodismo (de código) libre. Victor Sampedro. Icaria

6.“De Beiras a Podemos. A política galega nos tempos da Troika (2012-2014)”. Anxo Lugilde. Praza Pública. Meubook.

7.“Todo comenzó con los Irmandiños”, Enric Juliana. 27-10-2014. La Vanguardia

10 de febrero de 2015

Ana Isabel Cordobés
Miembro de la comunidad del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digital

Las filtraciones de Wikileaks pusieron sobre la mesa varias cuestiones más allá de la vigilancia gubernamental –y empresarial- a la que estamos sometidos en Internet. Su fuerza era obvia en tanto que grandes organizaciones y gobiernos de un lado y otro del Atlántico intentaron bloquear y paralizar sus acciones. Que la información fundamental sobre cada uno de nosotros esté en la Red ya implica de por sí un cambio de mentalidad, pero la huella que Wikileaks deja es aún mayor.



9 de noviembre de 2010. Hace casi cuatro años que Wikileaks comenzó a establecer redes de colaboración con medios de comunicación. Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, The New York Times y El País fueron los agraciados con el premio gordo: tendrían acceso preferente a los cables y estos fueron publicados e investigados con mayor o menor atino y calidad.

Era una oportunidad única para demostrar el “poderío” de cada redacción y, sobre todo, para cumplir la verdadera función social de los medios. Pero también puso negro sobre blanco una realidad: los periodistas debemos reciclarnos, adaptarnos y ser conscientes de que el ecosistema informativo cambia a un ritmo frenético.

Trabajar con grandes cantidades de datos –Big Data o datos masivos- no es algo nuevo. Ya en los años 60 el norteamericano Philip Meyer lo realizó para derribar mitos: los estudiantes que acudían a las revueltas estudiantiles no eran mayoritariamente aquellos que habían abandonado sus estudios, sino que estaban compensados, en contra de lo que se publicaba. Interesante, ¿no?

Pero hoy no hablaremos de derribar mitos, sino de descubrir debilidades en la profesión periodística –otra más-. Podríamos decir que Wikileaks ha parido un nuevo Homo: el Homo Hacks/Hacker, mitad escritor de historias, mitad escritor de código o bien, fomentar la colaboración entre ambos profesionales. Tal como explica el grupo HacksHackers de Madrid, se pretende “establecer un punto de encuentro para […] intercambiar información sobre herramientas digitales y analizar la aportación de los programadores en áreas como el manejo de grandes volúmenes de datos, visualización, etc.”

El trabajo en periodismo de datos se caracteriza por no ofrecer información de última hora, sino reportajes más elaborados, con trasfondo investigativo. Y conlleva algunos cambios e implicaciones en cómo observamos la profesión a día de hoy. Es fundamental despojarse de la “titulitis” que padece España: la entrada de perfiles no periodísticos en una redacción no es intrusismo, sino complementación e innovación. Este nuevo ecosistema informativo nos exige una vuelta de tuerca, una colaboración continua y una inmersión de nuevos perfiles.

¿Y los periodistas? Para adaptarse a este nuevo modo de hacer información, deben ser cada vez más híbridos, familiarizarse con conceptos y funcionamientos como los de la extracción de datos, Kimono o las librerías en R, CSS… “El reto del abrazo tecnológico”, como lo nombra Borja Bergareche, debe llegar cuanto antes.

Pero este cambio no es tan simple. La mayoría de los planes de estudios universitarios no están preparados para este nuevo escenario informativo: pocos centros ofertan formación en periodismo de datos. “Menos McLuhan y más cartografía, Adobe, Java Script y CSS en las aulas” es la apuesta de Samuel Granados, actual director de gráficos de The Washington Post en referencia al mundo infografista, pero podemos trasladarlo a la formación de periodistas de datos con facilidad. Necesitamos perderle el miedo al código.

La colaboración entre perfiles periodísticos y técnicos –y entre distintos medios- parece ser la vía más lógica ya que “resulta imprescindible para ejercer el periodismo de denuncia. Nunca fue cierta la imagen del reportero investigador como detective solitario e individualista”2. Wikileaks “planteó la cooperación entre empresas mediáticas que antes eran rivales. Una novedad de primer orden para una industria obsesionada por publicar ‘exclusivas’ o, en su defecto, fabricarlas”.

Una puerta, la del viejo periodismo, va cerrándose de manera inevitable dejando atrás el egoísmo mediático y la fiebre por la primicia para dejar paso a un verdadero entorno de colaboración entre medios, en donde lo esencial sea publicar trabajos laboriosos, investigaciones propias y de mejor calidad. Asistimos a los primeros pasos del Cuarto poder en Red.

4 de febrero de 2015

Víctor Sampedro
Catedrático de Comunicación Política de la URJC 

Dicen que la manifestación de Podemos del 31 de enero no fue tal, porque no tenía mensaje. Persiste la imagen del líder pancartero, que arrastra tras de sí a las masas como el flautista de Hamelin a las ratas. Al fin y al cabo así se conciben las campañas electorales basadas en el menosprecio de la ciudadanía: los gatos pastorean a los roedores hacia las urnas. Entre tanto comentarista viejuno persiste también la sordera generalizada, propia de quienes no se quieren enterar (ni que nos enteremos) de lo que representa el “partido instrumento”, como se hace llamar Podemos. Se presentan como una palanca que dice estar al servicio de “la gente”.

Cierto. Un instrumento no tiene otro significado ni finalidad que el que le atribuyan los usuarios. Pero la herramienta política es tan nueva que cuesta entender para qué sirve y, sobre todo, a quién. Porque no es lo mismo estar “al servicio” que “en manos” de la gente. Lo curioso es que, apartándose de los moldes, los mensajes de Podemos no resultan tan rompedores. Una vez más, Podemos ha convocado, articulado y moldeado lo (des)conocido.

Hace un año el “líder instrumento” en ciernes, Pablo Iglesias, pidió a los internautas
 que le avalasen para disputarle a “la casta” el monopolio de la representación política. En apenas unos días, le concedieron el placet. Un año después muchas más gentes dieron cuerpo a un triple mensaje. Pusieron el cuerpo para lanzar un triple discurso, del que quizás no sean del todo conscientes.

El primer mensaje tiene naturaleza electoral: “tic-tac-tic-tac”. El segundo es organizativo: “Respaldo a una cúpula unida”. Y el último, movimentista: “Podemos también mueve la calle”. El primero se dirige a los votantes desde la esperanza. Es el más obvio. Viene a decir que, después de Syriza en Grecia, llegará Podemos a España. El segundo mensaje se destina a una militancia, aún por construir, pero en torno a los liderazgos ya establecidos. Si los medios les golpean, la gente les arropa. Lo tuiteó Errejón: “No nos falléis”. Y el tercer mensaje va dedicado a los socios de las coaliciones electorales en las que pudiera entrar Podemos. Éste se perfila ante ellos como un partido-movimiento que, además de gestor institucional, puede ejercer de vocero y articulador popular.

Nada que objetar. Al contrario. Bastante sorprendente y elogiable. Tamaña capacidad comunicativa. Ejercida, además, por quienes aún no han fraguado candidaturas ni programa, ni cuentan con sedes para reunir a los manifestantes ni fondos para pagarles el bus y el bocata. Cualquier partido, con la maratón electoral que se avecina, hubiera deseado lanzar esos tres mensajes. Porque, encima, son impecables en pertinencia y eficacia.

El mensaje electoral dibuja las elecciones venideras como una cuenta atrás de “lo caduco”, que se saldará con la llegada de “lo nuevo” al Gobierno, como en Grecia. Se invierte así el papel metafórico que venía jugando el país heleno: la amenaza de lo que está por llegar, el negro futuro que (sí o sí) nos espera. Lo invocaba la (sin)Razón titulando a Syriza como la “Desgrecia”. Y resonaba en los tambores del apocalipsis de la Prensa del Santander, que anteponía el anuncio del Banco a sus cabeceras. Unos días antes de la manifestación, sin la más mínima alusión a la misma.

Podemos ha intentado transformar Grecia en esperanza. Una vez más, apuesta fuerte. Rentabiliza el triunfo de Syriza, con audacia (nadie lo daba por seguro) y riesgo (se le puede volver en contra) lo convierte en zanahoria electoral. En todo caso, hace política desde la ilusión. No desde la desesperación, como se le imputa machaconamente. De ahí el ridículo de Rajoy que les tachaba de “tristes” que se alimentan de las desgracias ajenas. Y de un PSOE que, sin haber reconocido el sufrimiento de sus bases, se muestra incapaz de inyectarles esperanza. Aunque si ésta se limita a la del “cambio” poco avanza Podemos en términos retóricos. Felipe González llegó al poder prometiendo lo mismo: cambiar. De Gobierno se entiende, porque de forma gobernar fue más difícil y renunció. Ahí está el reto de Podemos: concretar cómo y con quién gobernará. Y la prueba del algodón de los electores; cuando se conviertan, quizás pronto, en los primeros gobernados de Podemos.

El mensaje organizativo de la manifestación fue doble. Cerró filas en torno a los lideres. Y el partido mostró presencia en la calle y capacidad de presionar desde ella. Más allá y en conjunción con la ejercida desde las pantallas de la televisión y la Red. Una vez más, los portavoces sirvieron de conectores y catalizadores, gracias al capital mediático que acumulan. Por iniciativas y méritos propios. Por la estulticia de los tertulianos y pseudoperiodistas que les combaten desde los medios convencionales.

Ocurrió con la manifestación lo mismo que con el partido. Se ignoró su existencia para, una vez constatada, negarles legitimidad. Quienes así actúan debieran reconocer que el escrutinio y acoso a la cúpula de Podemos ha podido frenar su ascenso. Pero resulta dudoso que socave el apoyo hasta ahora acumulado. Por muchas irregularidades que se encuentren, serán desmentidas por los hechos o incluso disculpadas. Representan una minucia respecto al expolio que ha practicado la casta. Todos entienden que las conductas hasta ahora denunciadas son pecata minuta, comparadas con los pecados capitales del gran capital al que sirven PP y PSOE.

El “No nos falles” dirigido a Zapatero en 2004 (lo mínimo que se le puede pedir a un líder) lo ha dirigido otro líder a sus seguidores una década más tarde. “No nos falléis”. Pero ¿dónde? ¿Dónde va a ser? En las urnas digitales que decidirán las candidaturas y las urnas de cristal de las elecciones. En vísperas de cerrar pactos electorales con activistas y movimientos sociales, que se autodefinen representantes de la sociedad civil, Podemos quiso ponerlos “en su lugar”. Ocupando el que les era propio: la calle.

Este sábado un mitin multitudinario sustituyó las asambleas en las plazas. Rodea al Congreso se transformó en promesa de asalto electoral. Lo viejo y lo nuevo conviven en lo que nace. A ver si la petición de respaldo se materializa en un compromiso real (“... porque nosotros no os fallaremos”, señalaba Errejón) precisando las medidas políticas y los equipos que las llevarían a cabo.

15 de diciembre de 2014


El Confidencial publicó la charla que mantuve con tres pedazos de periodistas (Daniele Grasso, Yolanda Quintana y Borja Bergareche) y con la excusa del libro de El Cuarto Poder en Red. Ahí va tostao.

Como en todos los momentos de transición, esos en los que las viejas formas no han terminado de irse y las nuevas no han llegado del todo, se viven tiempos intensos y apasionantes, complicados pero llenos de posibilidades. Es el caso del periodismo, que está viviendo transformaciones aceleradas, y que se está planteando preguntas muy evidentes acerca de su supervivencia, de los futuros modelos de negocio y de la potencialidad real de las nuevas tecnologías.
 
El Confidencial organizó una mesa redonda para abordar el futuro del periodismo desde la perspectiva de periodistas jóvenes de trayectorias exitosas y de expertos en los nuevos modos de comunicación digital, cuyas experiencias y conocimientos sirvieran como punto de partida para el debate. Estuvo integrada por Daniele Grasso, responsable de datos e investigación de El Confidencial, Borja Bergareche, director de Innovación Digital de Vocento, y Yolanda Quintana, DirCom en una organización de consumidores y autora de Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas, y fue moderada por Víctor Sampedro, catedrático de Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos, director del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales y autor del reciente El cuarto poder en red (Ed. Icaria), excusa para la celebración del encuentro.

La relación de las distintas generaciones de periodistas con los cambios tecnológicos, la viabilidad de los nuevos modelos de negocio, la aparición de figuras que han abierto posibilidades a la difusión de información opaca, como Julian Assange o Edward Snowden, las vías de solución a un modelo profesional que debe acercarse a los ciudadanos y recuperar su confianza y las opciones de supervivencia del periodismo de código abierto son algunos de los temas que se abordaron en la mesa y que dibujan de manera nítida el salto hacia delante que la profesión está dando y el nuevo territorio que está perfilándose.

La introducción y un resumen de 8 min. una charla de más de una hora



Brecha generacional

Las diferencias de edad son relevantes a la hora de utilizar los nuevos medios técnicos y, por tanto, de dar otro enfoque al periodismo, pero no son el factor determinante, según los participantes en la mesa. Sin embargo, han aparecido instrumentos técnicos de medición de la rentabilidad, como la analítica web, que sí están transformando las prácticas periodísticas.



Intrusos y activistas

La irrupción en el periodismo de figuras como Julian Assange o Edward Snowden ha supuesto un punto y aparte no sólo por la puesta a disposición de diarios y lectores de ingentes cantidades de información, sino porque, según afirman los intervinientes, ha obligado a los medios de prensa a posicionarse de manera inequívoca.




Las consecuencias de "abrir" el periodismo
La posibilidad de convertir a las audiencias en activas, abandonando el simple papel de receptores de información, es otra de las innovaciones de esta época. Ejemplos como LuxLeaks o los papeles de Bárcenas son buena muestra de las opciones que se abren.



25 de noviembre de 2014

Comunidad editorial del 4º Poder en Red

El teniente del Ejército de Tierra Luis Gonzalo Segura es un ejemplo del nuevo rol que debe asumir el periodismo en la sociedad de la información. Es una figura del 4º Poder en Red, que practica una labor de vigilancia de los poderes públicos. Es un funcionario militar que, encarnando los valores de la sociedad civil, le confiere a ésta una importancia clave para el trabajo de los periodistas.

Es un ciudadano de a pie que no acepta la corrupción que pasa ante sus ojos y, con muy pocos recursos técnicos, utiliza la Red para liberar información que, visibilizada por los medios de comunicación, empodera al resto de la ciudadanía. Dentro y fuera de los cuarteles.

Segura reveló en su libro Un paso al frente la corrupción que impera en las Fuerzas Armadas. Por ello afrontó una condena de dos meses de prisión. Se atrevió a levantar la alfombra de una institución opaca y acostumbrada a que la disciplina se confunda con la sumisión ante cualquier acción de un superior.

Segura no se amedrentó. Para que el flujo de contrapoder que inició con su libro no se detuviera en la última página, se alió con Público para continuar con las revelaciones. Comenzó un blog en este medio, que puso sus recursos humanos y técnicos a su disposición para que sus publicaciones lograran el mayor impacto posible. Era también una llamada a muchos de sus camaradas que, inspirados por su valentía, le contactaron para informarle de las irregularidades que observan cada día en sus cuarteles.

El teniente era plenamente consciente de que tarde o temprano los poderes sobre los que arrojaba luz se vengarían. Esa represalia llegó el pasado martes cuando fue arrestado por el jefe del Estado Mayor del Ejército, sin previo aviso y por vía administrativa, al acudir a declarar por uno de los expedientes que tiene abiertos por colaborar con la prensa. El arresto cautelar administrativo de 30 días es una medida excepcional. Contra ella han protestado las principales asociaciones militares por considerarla autoritaria e incompatible con los derechos fundamentales de los soldados como ciudadanos.

Cuando esto ocurrió, los periodistas con los que Segura colabora se pusieron en marcha para defenderlo. En cuestión de minutos, todos los partidos políticos fueron informados de su situación. Estos preguntaron al Gobierno sobre la actuación de los mandos militares y han llevado el caso ante la Comisión Europea. A su vez, se comunicaron los hechos de forma inmediata a El Intermedio, programa con el que el teniente ya había colaborado. Era la forma de superar la brecha digital y dar a conocer el nuevo arresto de Segura entre la ciudadanía y convocar así más respaldo.

Pero la corriente de contrapoder, iniciada por el teniente Segura, parece haberse estrellado contra las lógicas del viejo periodismo. Se estrelló en El Intermedio, que le presentó como una víctima, sin dar a conocer sus denuncias. Ofrecieron una entrevista "exclusiva" contactándole por teléfono mientras estaba encerrado en el centro desciplinario, exponiéndole así a otro expediente que puede acarrearle nuevas sanciones.



Los guionistas, el entrevistador y el presentador no fueron más allá. Su afán era conseguir una exclusiva, pero que no era tal. La conversación no añadía nada a lo ya publicado por Públicoo que no hubiese sido denunciado por los partidos políticos. Peor aún, no facilitó a la ciudadanía el acceso lógico a las denuncias. Su victimización pasaba a ser lo más importante. Porque también era lo más sencillo: ofrecer la imagen del héroe caído, que tan bien vende. Porque funciona igual de bien entre telespectadores afines como críticos de Segura. Los primeros se indignan y los segundos se congratulan. Pero no se entiende ni el significado del gesto del militar ni el contenido de sus denuncias.

El intermedio en ningún momento facilitó información de cómo acceder al blog del teniente Segura. Es por su actitud y contenido por lo que en este momento se encuentra arrestado. Nada supieron los televidentes sobre la comida con gusanos que se cobra a los soldados a 22 euros el día. Nada sobre el incremento del 300% para adquirir material de Defensa con Pedro Morenés. Nada sobre los 2.000 millones de euros anuales que le cuesta al Estado el excedente de oficiales. Nada sobre el teniente coronel de Valencia que utiliza soldados para reformar su chalet.

El 4º Poder en Red se estrella contra la lógica de unos medios más preocupados de arrogarse exclusivas que de levantar la alfombra. Con su programa del miércoles pasado, El Intermedio convirtió al teniente Segura en un juguete roto de la transparencia. El afán de protagonismo y la competitividad exacerbada impidieron presentarle como un ciudadano con el valor de destapar la corrupción de una institución opaca y asumir un injusto castigo por ello. ¿Habría habido un link a su blog sobreimpreso en pantalla si Segura no publicase en este periódico y no hubiese anunciado su decisión en este blog?

Queda claro que la profesión debe sustituir su intento de hegemonizar el protagonismo público. Debiéramos aprender a colaborar en las redacciones con sectores del público que demuestran tanto coraje. Y darles la visibilidad, el reconocimiento y la protección que se merecen. Para que sirvan de ejemplo y no de escarmiento. A no ser que asumamos que fuentes del calibre de Segura son un material a exprimir, para luego usar y tirar. Nosotros identificamos al teniente como un tecnociudadano que, con su experiencia profesional y la tecnología digital, eleva los estándares de virtud pública y denuncia la degradación institucional en curso. Sigue la estela de otros, de los que también hemos hablado. Y que, según sus palabras, le sirven de ejemplo y estímulo.

Julian Assange, ideólogo de la mayor organización filtradora de documentos de la historia. Chelsea Manning, que suministró a Wikileaks la documentación sobre los crímenes de guerra de EE.UU. en Irak y Afganistán. Y Edward Snowden, que reveló que los derechos fundamentales de todos los internautas estaban siendo violados en masa con la colaboración de gobiernos y grandes empresas. Los tres han sido las víctimas más notables de los mass media en esta guerra. Utilizaron sus revelaciones y luego les dejaron vendidos. Primero los entronizaron como héroes, para luego (vendidas sus exclusivas) destapar aspectos de su vida privada y torpedearles hasta derribarlos. Queda en última instancia, una morbosa (y rentable) narrativa. Un cuento nada ejemplificante, con la moraleja a los lectores de que no se hagan los listos, porque esto es lo que les pasará.

Segura ya ha sido acusado de tirano, machista y acosador sexual. La campaña en su contra es inevitable. Pero la complicidad de los medios supuestamente críticos, no. Si los profesionales con capacidad para extender el alcance de sus revelaciones se enrocan en guerras con los medios "competidores", acabarán siendo verdugos de la víctima que ayudaron a crear. Sin colaboración recíproca y leal, con las fuentes y con otros compañeros de profesión, los periodistas (como conjunto) auto-limitan su capacidad para ejercer de contrapoder.

Podrán exhibir sarcasmo e ironía con las fuentes oficiales. Pero seguirán cargándose la posibilidad de que emerja un ejército insumiso de ciudadanos dispuestos a sanear las instituciones. Sus intentos se diluirán entre quienes les difaman y los que les victimizan, desviando la atención de sus denuncias.
David Álvarez García
Miembro de la comunidad del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

El 20 de noviembre de 2011 el Partido Popular ganó las elecciones generales. El mismo año que el 15M floreció en las plazas españolas. Ivar Muñoz-Rojas (guionista) y servidor nos fuimos con una cámara a charlar con la gente reunida a las puertas de la sede del PP.

Teníamos en la cabeza hacer algo parecido a Heavy Metal Parking Lot, un documental ‘low cost’ con un montón de enloquecidos fans de Judas Priest hablando de su grupo preferido en el desolador parking de un concierto. Pero lo que nos encontramos en la calle Génova fue bastante más “heavy”.


Muchas de las personas con las que hablamos estaban realmente emocionadas, pensaban que Mariano Rajoy iba a arreglar la situación del país. Creyeron sus promesas de que no subiría impuestos, no bajaría las pensiones ni recortaría en educación y sanidad, cumpliría el objetivo de déficit, bajaría el paro, y un largo etcétera cuya deriva ya conocemos todos.

Resulta extraño verlo ahora, pero hace tres años no sabíamos:

- qué eran las tarjetas black;

- qué eran los sobres de Bárcenas;


- que alguien podía tener un Jaguar aparcado en el garaje y no saberlo;

- que cada vez más catalanes exigirían su derecho a decidir;

- nada sobre los negocios de Urdangarin con Jaume Matas;

- nada sobre los negocios de Urdangarin con Rita Barberá;

- nada sobre los negocios de Urdangarin con Francisco Camps;

- que el gobierno sacrificaría un perro clave en la investigación de una enfermedad incurable;

- que Miguel Blesa urdió una estafa a gran escala con las preferentes;

- la trama de corrupción en Parla, Valdemoro y demás ayuntamientos implicados en la Operación Púnica;

- qué era la ley mordaza;

- etc.

Nunca imaginamos la de cosas nuevas que nos esperaban.



Jeremiah Johnson ‏@eltrampero


Ricard Arís @RicardAris xD RT @rabedu: @Vertele parecido razonable, especialmente en surrealismo



Vodka @EyVodka Misión salvar a La Pantoja.



Amor Blanco @TrilloEduardo #MonagoSeFuerteM4 que la rueda de prensa es para decirle a la parienta !Ésto no es lo que parece!


 


@queridoantonio

14 de noviembre de 2014



"Pdro, te has copiado... y lo sabes."-Ls qtre gts @Els_quatre_gats
D.

13 de noviembre de 2014

Mariela Veneziale

Las marcas que consumimos a diario nos definen, podemos encontrar mayor identificación con una marca o con otra y esto es lo que nos lleva a regalar un “Me gusta” en su Fan Page de Facebook: nos gustan sus productos, su comunicación, entre otras cosas. Pero ese regalo puede decir mucho más que hacer un simple click en el pulgar para arriba.

Durante muchos años los publicistas se han nutrido de enviar mistery shoppers (clientes de incógnito actúan como clientes comunes que realizan una compra o consumen un servicio y luego entregan un informe sobre cómo fue su experiencia) a las tiendas para analizar los comportamientos del consumidor, evaluar las marcas de los productos que compran o determinar cuánto tiempo pasan frente al expositor. Por esto se utilizaba la frase, “dime qué marcas compras y te diré quién eres”.
Hoy los especialistas en publicidad, si bien siguen basándose en estos datos mencionados para fines comerciales o crear nuevas campañas de publicitarias que produzcan un mayor efecto en el consumidor, también se basan en esta nueva herramienta para realizar campañas de comunicación más efectivas y eficaces: Facebook.
En esta nueva era de las redes sociales la frase que se utiliza ha cambiado a “dime a qué le has dado me gusta y te diré quién eres”. Lo cual simplifica mucho la labor a la hora de generar nuevas ideas debido a que proporciona una información más específica y certera acerca de cada uno de los usuarios ya que funciona como un gigantesco y permanente focus group (técnica para estudiar las opiniones o actitudes de un grupo de personas sobre un tema específico). Mediante un algoritmo que utiliza los “Me gusta” se pueden evaluar perfiles de personalidad. Incluso existe una página Web donde es posible ingresar con el usuario de Facebook y determinará su carácter analizando sus amistades y sus “Me gusta” (Youarewhatyoulike.com). Cuidado: estos pueden llegar a decir mucho más de la identidad de una persona de lo que ella puede saber de sí misma.
Es difícil confiar en que Facebook proteja los datos personales de sus usuarios frente a los anunciantes. Para la industria del big data representa un beneficio conocer en profundidad al consumidor para, de esta manera, segmentar el mensaje y llegar más fácilmente a potenciales consumidores. El usuario no paga por el servicio que le ofrece Facebook, pero la plataforma le cobra analizando y vendiendo su información personal.
El problema radica en que la mayoría de la gente se inscribió en Facebook entendiendo que su información solo estaría disponible para un círculo de amigos aprobado por ellos mismos. Facebook no es un lugar privado y no se espera que lo sea. Pero al mismo tiempo es conveniente controlar lo que es accesible a los extraños y lo que solo es accesible a la familia, amigos o un grupo selecto de gente.
También en El 4º Poder en Red: