CELDILLAS

9 de febrero de 2016



"Me la tienes que entregar, la llave de tu alma, como los moros entregaron las llaves de Tetuán", dicen unos de tientos cantados por el gran Diego Rubichi.

La clave estaba en ese barrio en carnaval. Una hoguera donde a su alrededor danzaban unos locos, los rufianes, los titiriteros de un Madrid que ha vuelto a ser señorial, de paseo de caballos y guardias civiles patrullando por los suburbios buscando anarquistas.
Los barrios que habían estado ocultos se han destapado, y al hacerlo fluye la cloaca, la mugre salpica al burgués y la costra supura tantos años de injurias.
Pero, pronto los de Salamanca quieren encender también sus hogueras para quemarles dentro. Llamas frías bajo un atarceder rojo.

Madrid es hoy una urbe poblada de calesas y demonios. Una urbe mutilada.
D.

5 de febrero de 2016

Comunidad Editorial del 4º Poder en Red
Julian Assange ha estado los últimos tres años “detenido arbitrariamente” en el Reino Unido. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Grupo de Trabajo sobre las Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas.
El fundador de Wikileaks es objeto de una investigación preliminar en Suecia (sin acusaciones formales) desde agosto de 2010 por un supuesto delito de violación y otro de acoso. Sobre él pesa desde entonces una orden de detención para ser interrogado en Estocolmo. En mayo de 2012 el Reino Unido dictaminó que Assange debía ser extraditado para prestar declaración en Suecia, por lo que el australiano decidió pedir asilo a Ecuador y refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres, en la que permanece encerrado desde agosto de ese año.
En los seis años que lleva abierta la investigación, la justicia sueca se ha empeñado en negar a Assange la posibilidad de prestar declaración desde Londres. Sólo en enero del presente año -y ante el temor a que el supuesto delito de violación acabase por prescribir como ya hiciera el de acoso- la Fiscalía sueca abrió la puerta a interrogar al fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en la capital británica.
A ojos de Assange y de gran parte de la comunidad internacional que ha apoyado su labor, la orden de arresto es solo un trámite previo a una extradición a los Estados Unidos, donde con toda seguridad acabaría ante un tribunal castrense que le aplicaría la ley antiterrorista y lo acusaría de divulgación de secretos.
Los temores de Assange encuentran su mejor sustento en el caso de su colaborador Chelsea Manning (antes Bradley Manning). Infante de Marina de los Estados Unidos, Manning filtró a Wikileaks documentos sobre Irak, Afganistán y las embajadas norteamericanas que revelaban violaciones de derechos humanos que el público desconocía.
Fue detenido en mayo de 2011 y tras pasar once meses en total aislamiento -hecho que fue calificado de tortura por  varias organizaciones humanitarias– en el verano de 2013 pasó a ser juzgado por un tribunal militar que negó que ella tuviera la obligación legal y moral de denunciar las mencionadas vulneraciones de derechos humanos. El resultado: la soldado Manning fue condenada a 35 años de cárcel en un proceso en el que no se admitieron como pruebas de la defensa los documentos que detallaban los crímenes cometidos por el ejército estadounidense.
Recientemente Manning describió en el diario británico The Guardian el calvario que le está suponiendo su encierro en la cárcel de Fort Leavenworth (Kansas). “El abismo entre yo misma y el mundo exterior parece que se hace cada vez más y más grande. Y todo lo que puedo hacer es dejar que ocurra”, asegura Manning tras seis años de privación de libertad.
“Me doy cuenta de que mis amigos y mi familia siguen adelante con sus vidas mientras yo me enfrento a una inactividad impuesta. No voy a las ceremonias de graduación de mis amigos, no voy a sus fiestas de pedida, no voy a sus bodas y no conozco a sus hijos”, prosigue.
Percatarse de la presencia de esos cambios al tiempo que se encuentra encerrada ha provocado que Manning llegue a sentirse como un espectro: “No tengo fotos recientes de mi misma, no tengo selfies. De mis últimos seis años de vida sólo tengo viejas fotografías de Facebook, las instantáneas granuladas de mi expediente y las imágenes de la rueda de reconocimiento. Ahora que todo el mundo está obsesionado con Twitter, Instagram, Snapchat y Whatsapp, empiezo a sentir que no existo en un modo importante, real. En una sociedad que dice ‘si no hay fotos no ha sucedido’ empiezo a preguntarme si yo he sucedido. A veces me siento más que vacía, me siento inexistente.”
A pesar de toda esa apatía, Chelsea Manning se muestra firmemente decidida a no rendirse. Encuentra buenos motivos para no hacerlo en el correo que recibe de gente de fuera de prisión que le recuerda “felizmente” que es “real” y en la lucha por transformar su cuerpo en el de una mujer.
La ausencia de fotos recientes impide comprobarlo, pero ella misma asegura que el tratamiento hormonal que recibe -al que se refiere como un derecho “ganado” y no otorgado- está transformando su apariencia externa. “Tengo la piel más suave y los rasgos faciales menos angulares”, asegura en su artículo en The Guardian.
A sus ojos, el hecho de estar encerrada en Fort Leavenworth -un centro penitenciario para hombres- implica que el Gobierno estadounidense le está negando su “derecho a existir”. “Creo que definirnos a nosotros mismos en nuestros propios términos y en nuestro propio lenguaje es uno de los derechos de mayor poder e importancia que tenemos como seres humanos”, explica Manning, que actualmente, según cuenta en su blog, se encuentra inmersa en una lucha por conseguir que le dejen llevar el pelo largo, en lugar de ser obligada a llevar un corte que se encuentre en el estándar estético habitual en los hombres.
El testimonio de Manning, que asegura “haberse enfrentado a la oscuridad” como consecuencia de destapar crímenes humanitarios, es el mejor aval para la negativa de Assange a ser extraditado. El fundador de WikiLeaks considera que en estos tres años de encierro ha sido privado de sus libertades fundamentales y de derechos tan básicos como el acceso a la luz solar, el aire fresco y las instalaciones médicas adecuadas para preservar sus salud. Ha estado en una ‘prisión’ sin ser juzgado, una situación en la que Londres ha invertido cerca de 20 de millones de dólares en vigilancia.
Ayer, 1.885 días después de entrar en la embajada ecuatoriana, Assange recibía la decisión de la ONU que confirmaba lo que muchos llevamos años diciendo: su detención es arbitraria e ilegal.
Sin embargo, el primer ministro británico, David Cameron, se resiste a dejar en libertad al fundador de Wikileaks. Uno de los portavoces de su Gobierno, aseguró ayer que la decisión de la ONU “no sería legalmente vinculante”  y si Assange sale de la embajada “será arrestado”.
No obstante, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias no tardó en responder, asegurando que su decisión “sí es vinculante”. “Las opiniones del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias son jurídicamente vinculantes en la medida en que están basadas en normas internacionales de derechos humanos, de obligatoria aplicación”.
La ONU exige a Reino Unido y Suecia, tras 1.885 días, que “pongan fin a la privación de libertad” del fundador de WikiLeaks y que también reconozcan su derecho a reclamar una compensación por todos estos años.
Las reacciones no se han hecho esperar, y grandes medios como The Guardian se han posicionado en contra de la decisión de la ONU en su editorial, asegurando que es “errónea” y que debe “enfrentarse a sus presuntos delitos”. Llama la atención que esta posición provenga de uno de los medios que en su día publicó las revelaciones de Edward Snowden sobre el programa de vigilancia de la NSA, de mano del periodista Glenn Greenwald.
Todo apunta a que, como lleva haciendo tres años, el Gobierno británico seguirá vulnerando los derechos fundamentales de Assange obligándole a mantenerse en su prisión de oro si no quiere ser arrestado y deportado. Igual que su socio en el espionaje y en la violación de derechos humanos, EEUU, que castiga a Manning como aviso a navegantes: Airear los trapos sucios de los garantes de la libertad está penado. Todo ello ante la pasividad del resto de gobiernos internacionales que, al igual que con las revelaciones de Assange, Manning y Snowden, conocen lo que está ocurriendo pero no se atreven a importunar a sus poderosos socios.
¿O cabría decir a sus metrópolis?

27 de enero de 2016

Dieciséis años dirigiendo uno de los periódicos más importantes del mundo, de tirada global, dejaron una idea clara a Paul Steiger sobre en qué merecía la pena invertir los últimos años de su carrera: Periodismo de investigación. Puro y duro. Indagaciones de meses, incluso años. Siempre buscando su función social y sin prestar atención al ruido que a veces genera la actualidad. Esos son los principios que rigen el proyecto que ahora encabeza Steiger: ProPublica.
Paul Steiger dirigió el Wall Street Journal desde 1991 a 2007. Se refiere a ese tiempo como la última etapa de la “era dorada” del periodismo, cuando había recursos para hacer un periodismo de investigación de calidad. “Hace diez años nos embarcamos en un viaje en el que la única constante en nuestro trabajo es el cambio. Estamos en 2016 y el cambio todavía va a ir a más”, asegura en una conferencia impartida en Madrid, en la ronda de Conversaciones que la Universidad de Navarra lleva promoviendo desde 2013 con el fin de “celebrar el periodismo”.
Bajo su dirección, el Wall Street Journal ganó 18 Premios Pulitzer. Cuando lo dejó, estaba convencido de que, a pesar de las dificultades, “el periodismo de investigación seguía siendo útil e importante”. Así que decidió lanzar ProPublica, una plataforma sin ánimo de lucro dedicada al reporterismo de investigación con valor de “función social”. Según explica el propio Steiger el periodismo de investigación es un “bien público que aporta valor a las personas aunque estas no quieran pagarlo. Como la policía, los bomberos o las asociaciones que acogen animales”.
Para ilustrar esta idea, Steiger cuenta cómo en 2009, el primer año de ProPublica, sus reporteros fueron capaces de mejorar la sanidad del Estado de California, que estaba fallando a la hora de proteger a los pacientes. Varios centros hospitalarios se encontraron con que una parte de su plantel de enfermeras habían convertido la negligencia en el trato al enfermo y el robo de los bienes del hospital en una costumbre. Muchas fueron despedidas, pero las autoridades carecían de los mecanismos y registros necesarios para evitar que fueran contratadas en otros lugares. Esta circunstancia dio lugar a un fenómeno de enfermeras corruptas itinerantes cuya negligencia ponía en serio riesgo la vida de los pacientes de múltiples centros de salud.
Tras el impacto de la serie de reportajes de ProPublica sobre el tema, no sólo se atajó el problema, sino que se instauraron mecanismos para que no pudiera volver a ocurrir. “Los beneficios no fueron sólo para la gente que leía y financiaba el medio, sino para toda la sociedad como potenciales usuarios de un hospital”, explica Steiger.
Este espíritu de servicio público es el que ha llevado a la plataforma que dirige Steiner a ganar dos Premios Pulitzer en menos de diez años de existencia. El primero con un reportaje (que requirió dos años de investigación) sobre cómo algunos hospitales en Nueva Orleans emplearon la eutanasia con el objetivo de aligerar pacientes de los hospitales tras el Katrina y el segundo con informaciones sobre cómo grandes banqueros de Wall Street se habían enriquecido pasando sin piedad por encima de sus clientes y sus corporaciones.
Los éxitos anteriormente mencionados se deben a un modelo de negocio que blinda la independencia del medio. ProPublica es una organización sin ánimo de lucro que no responde ante una cuenta de resultados. Según reza su propio manifiesto, su objetivo es el de “producir información que denuncie la explotación del débil frente al fuerte” y “seguir la tradición del periodismo como servicio público para estimular cambios positivos”. Para conseguirlo, ProPublica se financia a través de las donaciones de fundaciones y filántropos que, según explica Steiger,“esperan resultados, pero no resultados financieros”.
Estas personas, al ser donantes y no accionistas, carecen absolutamente de poder para decirle a los periodistas en plantilla sobre qué o de qué manera deben informar. “Para que esto funcione como queremos que funcione (de una forma no partidista y no sectaria), la decisión no puede estar en sus manos”, advierte Steiger a las personas que muestran interés en aportar su dinero a la causa.
El fundador de ProPublica habla apasionado del “cambio radical que se está produciendo en el sector del periodismo”. A su modo de ver, el periodismo tiende cada vez más a la colaboración. Muchos de los trabajos realizados por su plataforma se han llevado a cabo en estrecha cooperación junto a profesionales de otros medios como la BBC o The Washington Post. En ese tipo de trabajos las dos partes comparten los frutos del esfuerzo compartido y publican las historias de manera simultánea. “Más empresas están dispuestas a colaborar porque pueden acceder más fuentes, más información y llegar a más público”, afirma el periodista.
Steiger niega que este modelo de cooperación esconda una “subcontratación del periodismo de investigación” ya que, a su parecer, las eventuales colaboraciones que puedan surgir con uno u otro medio no generan un volumen de contenidos que pueda convertir a los trabajadores fijos de los medios de comunicación en prescindibles.
En la plataforma que dirige Steiger, al contrario que Obama, se niegan a “hacer exámenes para decidir quién es periodista y quién no”. La única credencial que Steiger dice necesitar para reconocer a alguien como periodista es que esa persona “haga periodismo”, una competencia que no siempre está ligada a la titulación. A su modo de ver, impedir a un periodista hacer su trabajo es “un crimen contra la humanidad que debería ser castigado” ya que “ninguna instictución debería estar exenta de críticas”.
Steiger cree que, a pesar de los problemas, el gremio periodístico vive “tiempos interesantes”. “Como periodistas, tenemos instintos y habilidades que han inspirado a la humanidad durante milenos. Somos contadores de historias, como los que se encargaban de preservar los conocimientos y la memoria de su pueblo de generación en generación. Contar historias y salvaguardarlas es parte de la genética de los seres humanos. Siempre tendremos un papel que desempeñar. Algunos vemos eso como una oportunidad”, sentencia.

22 de enero de 2016

Irene Escudero Martínez
Universidad Jaume I, Castellón

Estambulla ciudad de los tres nombres, no deja a nadie indiferente; serán sus peculiares calles, sus olores variopintos, su inolvidable atardecer en el Bósforo, será la extrañeza de estar situado entre dos continentes, será su sonora llamada al rezo, la cual echas de menos cuando te vas de la mágica urbe.
Esta ciudad, a finales de mayo de 2013, estuvo marcada por las protestas que se dieron en el parque Gezi, donde se sitúa la plaza Taksim. Lo maravilloso de este movimiento de indignados fue su diversidad confluyendo distintas ideologías, religiones, condición sexual, niveles económicos, edades o preparación académica. Los ciudadanos turcos se unieron por reivindicaciones sociales y políticas, que iban desde una mayor calidad democrática hasta una mejora en la libertad de expresión. Un aspecto relevante considerando que Turquía, según datos de Reporteros sin Fronteras, se ubica en el puesto número 154 de 179 entre los países que mejor protegen este derecho.
La reacción de la ciudadanía turca ante el arsenal policial que su presidente, Tayip Erdogan, empleó contra ella, fue muy significativa. Las redes sociales jugaron un papel importante en la transmisión de lo que sucedía en la plaza Taksim, ya que losprincipales medios de comunicación turcos daban la espalda a la realidad, mientras los cañones de agua y los gases lacrimógenos convertían Taksim en un escenario de guerra; el canal Haber Türk emitía un programa sobre la esquizofrenia y CNN türk uno sobre pingüinos.
La gente que acudía a la plaza se informaba a través de las redes sociales, Facebook y Twitter principalmente, de lo que sucedía en el parque. Mientras, los medios de comunicación hegemónicos preferían pasar unas vacaciones sin hacer su trabajo, que era informar. Muchos turcos emplearon estas alternativas formas de información, junto con otras, lo que provocó que el Gobierno ejerciera una política de bloqueo y censura sobre la Red.
Por ello, las personas que estábamos allí en esos momentos, donde el escaso acceso a Internet y el bloqueo era algo habitual, hacía que los acampados nos pidieran que informáramos de lo que pasaba en el parque Gezi. Era la primera vez que yo me encontraba en una situación tan controvertida, pero la gente que estuvimos con los indignados turcos apoyándolos en su protesta nos dimos cuenta que era necesario hacerlo, aunque nos exponíamos a que nos echaran del país, simplemente por dar voz a aquellos que no la tenían.
Dos amigos españoles y yo hicimos entrevistas y convivimos con ellos. Nos hizo volver al 2011, a las plazas ocupadas por los indignados españoles, estábamos entusiasmados de poder hacer de comunicadores, creo que fue una labor importante, junto con asociaciones como la de Reporteros sin FronterasGlobal VoicesGlobal Uprising o Taksim Solidarity. Nos convertimos en altavoces de sus demandas buscando que éstas fueran escuchadas a nivel global, como forma de transmitir las voces de millones de turcos, kurdos, alevíes, homosexuales, mujeres o estudiantes, una variedad de personas que estaban en el parque Gezi por una razón: estaban cansados y querían cambios.
Hay que recordar que en 2013, en el periodo de las manifestaciones, Erdoğan culpó a las redes sociales de la revuelta y dijo que Twitter podía ser mucho más peligroso que un coche bomba. De este discurso me acuerdo muy bien, de hecho estaba con un amigo periodista haciéndole una entrevista a uno de los directores de uno de los hoteles más céntricos de Estambul, el hotel Divan. En aquella entrevista, el director nos explicaba cómo se había habilitado una zona para que los acampados pudieran utilizar los aseos y tener cubiertas las necesidades higiénicas. Al salir del hotel, nos encontramos con mucho revuelo, Erdoğan había calificado desde hacía días que las protestas atentaba contra la democracia y los calificaba de çapulcu(saqueadores).
La creatividad en estos casos, cuando te censuran lo que escribes, tiene una originalidad desconocida para muchos usuarios, en efecto este intrincado contextoforzó el salto de los usuarios a Internet. De manera paralela, empezaron a proliferar medios alternativos como Bianet, T24 u OdaTV y las personas buscaronsitios que proporcionaron una imagen verídica de lo que sucedía en el parque Gezi, entre ellos: #occupygeziwww.facebook.com/OccupyGezi,DelilimVar.tumblr.com o emirkulu.blogspot.com. Todos ellos sitios creados por los usuarios y fuera del circuito de los grandes medios controlados por el gobierno.
El grupo de hacktivistas Redhack inició una campaña de filtración de supuestos documentos confidenciales del Estado. Según un estudio de la empresa Konda, durante las protestas en el parque Gezi de 2013, el 77,6% de los manifestantes se informaron de lo ocurrido por la red. Cabe destacar que elPartido Pirata Turco empezó a tener una relevancia notable, sobre todo durante las manifestaciones del 2013, aunque antes ya tenían sus emisiones y blogs donde la gente podía acudir para obtener una información libre intentando que no estuviera bajo control gubernamental.
De todo aquello, los turcos aprendieron a recurrir a medios de comunicación alternativos donde informarse y evitar los bloqueos momentáneos de redes sociales como Youtube, Facebook y Twitter. Las redes sociales tuvieron un rol significativo en las protestas de Turquía y facilitaron que las personas inmediatamente estuvieran informadas al instante y se pudieran movilizar de forma cohesionada y rápida.
Las redes sociales no hacen las protestas, sino que ayudan a mejorar las estrategias de los ciudadanos al instante, ya que para crear objetivos a largo plazo, hace falta mucho más que twitts, videos en Youtube o noticas en Facebook. Los turcos supieron ingeniárselas para poder enfrentarse al lucrativo juego de los medios de comunicación y la Real Politik. Ahora en 2016, la ciudadanía turca continúa ingeniándoselas en un país lleno de tensiones políticas entre actores diversos

18 de enero de 2016



Relato de una hazaña heroica contada en clave realista, casi feista, sobre unos héroes singulares en su sencillez pero que destaparon uno de los grandes pozos de maldad de la historia reciente.

Con un cine casi gélido, que se centra más en dramatizar la infatigable labor de sabueso de muchos periodistas y la necesidad de mantenerse integro, ante una mierda que salpica demasiado pronto. Y al igual que "Todos los hombres del presidente", la cinta de Thomas McCarthy, Spotlight, se aleja de juzgar los hechos, para mostrar la descripción minuciosa, y casi monótona, de una hazaña verídica que nos pone de pie con un aplauso, pero con un nudo en la garganta.

Como colofón, no estaría de más que los responsables de todo aquello, sean juzgados y quienes aún defienden a esa oscura institución, reflexionen mucho sobre el tamaño de la inmoralidad de lo que apoyan. No olviden aquello de la banalidad del Mal.
D.

14 de enero de 2016




El desarrollo de iniciativas de agrocompostaje local quieren demostrar que se puede llegar a cambiar los costosos sistemas de recogida, transporte y vertido, reduciendo el monopolio exclusivo de las grandes constructoras y contribuir a generar sistemas más sociales y ecológicos, colaborando con las pequeñas producciones periurbanas para tejer sistemas locales de producción y consumo alimentario.

El objetivo es reducir los residuos que se recogen y transportan a vertedero, y derivar la materia orgánica a agrocompostaje de la mano de pequeños productores del entorno local de Madrid, para fertilizar con de esta manera el Suelo que nos alimenta.

Para ello se convoca a pequeños pequeños productores agroecológicos localizados a una distancia no superior a 30 kms. de Madrid centro. El objetivo es retribuir a los agrocompostadores por tonelada de biorresiduo doméstico convertido en compost y aplicado en su huerta. Os esperamos.


Taller sobre agrocompostaje para productoras
19.01.2016 18:30h - 21:00h
Lugar: Cantina Medialab Prado Madrid

http://medialab-prado.es/article/taller-sobre-agrocompostaje-para-productoras
Un taller abierto que se enmarca en la serie de seminarios: “Lo que esconde la comida 2016” de la iniciativa MadridAgroecológico, orientado a productores agrícolas locales y a público en general.

Una propuesta del grupo “MadridAgrocomposta” de la iniciativa MadridAgroecológico, en colaboración en el proyecto de Ciencia Ciudadana: "Suelo Fértil, Denominador Procomún" de Óscar Prada y David Rodríguez, con el objetivo de crear y fomentar estrategias colectivas útiles, tanto para la creación de nuevos tipos de bioindicadores de la calidad mediambiental urbana de la ciudad, de la mano de dinámicas de participación y sensibilización a través de grupos y redes vecinales.Más información de este proyecto en la Comunidad: http://comunidad.medialab-prado.es/en/node/1591
  

12 de enero de 2016

Javier Franzé

Profesor de Teoría Política. Universidad Complutense de Madrid.

(Contiene spoilers de la trama) Paulina, de Santiago Mitre, no es una película sobre las instituciones judiciales, sino sobre la justicia, entendiendo esta distinción como diferencia entre legalidad y justicia.
Narra la historia de una joven abogada que abandona su reciente carrera judicial para volver a su ciudad, Posadas —capital de la provincia argentina de Misiones, situada al noreste, en la frontera con Paraguay y Brasil—, a trabajar en una escuela de la periferia como parte de un programa de defensa de los derechos humanos. A poco de iniciar su trabajo —el cual es rechazado por su padre, un juez de la provincia con pasado en organizaciones políticas revolucionarias—, Paulina es violada por un joven trabajador de un aserradero. Éste actúa amparado por un grupo del que forman parte algunos estudiantes de Paulina, que imparte un taller de formación política.
En la atmósfera cenagosa, áspera, desamparada en que se desenvuelve la historia —que recuerda a La isla mínima y La ciénaga—, Paulina y su padre encarnan dos modos de entender la justicia. Tras la violación, Paulina busca a su atacante en el aserradero y lo cita “para charlar”. Su padre utiliza sus contactos para mandar detener ilegalmente a los agresores y arrancarles su confesión bajo tortura. En un giro dramático clave, Paulina decide tener el hijo fruto de la violación y no denunciar a los autores del delito, en nombre de la búsqueda de la justicia.
Paulina¸ de Santiago Mitre
Fotograma de Paulina, de Santiago Mitre
Paulina entiende que la ley es fruto del más poderoso y por eso su proyecto es precisamente empoderar a los actores excluidos. La película no evita laambigüedad que esto implica: ella es blanca, rubia y de ojos claros en un ambiente dominado por el ascendiente aborigen; habla sólo castellano mientras sus estudiantes usan también el guaraní, al que recurren para evidenciar que es la diferencia de clase que los separa  —“usted es caté, “distinguida” en guaraní— lo que permite a Paulina proponerse empoderarlos. Por su parte, para el padre la institución judicial es el único instrumento disponible de la justicia y ésta consiste en evitar nuevas víctimas… aunque recurra a la ilegalidad para intentarlo.
Paulina vincula justicia y víctima de un modo distinto al corriente:  no duda de que los agresores “son unos hijos de puta”, pero también que son fruto de “un mundo horrible que produce violencia”. Y dado que los agresores son pobres, para ella la intervención de la institución judicial no aportará justicia, no evitará nuevos casos, pues al buscar sólo declararlos culpables más bien reproducirá a mayor escala la injusticia que significa la existencia misma de ese grupo agresor. Paulina encarna con radicalidad el mandato socrático según el cual “es peor cometer injusticia que padecerla”.
Pero Paulina personifica una mirada todavía más honda del problema: la imposibilidad de una comunicación profunda que permita la comprensión entre posiciones diferentes y, por lo tanto, ponerse en el lugar del otro. Paulina nos permite pensar que la única forma de ponerse en el lugar del otro es entender su posición, pero no como resultado de una comprensión, sino más bien de una aceptación de la radicalidad de su ininteligibilidad. Desliga así respeto/tolerancia de entendimiento, afecto de intelección.
¿Cómo será posible entonces lo que ella persigue, una comunidad política justa? ¿Cómo se puede definir lo justo si lo injusto es en última instancia ininteligible?
Aquí aparece en toda su riqueza el riesgo estético y ético-político de la película. Paulina no despolitiza su posición, pues ni renuncia a denunciar a sus agresores, ni decide ser madre de ese hijo por motivos privados (miedo, amor, “síndrome Estocolmo”). Tampoco se guía por un igualmente impolítico “idealismo”. Acepta con todas las consecuencias el carácter político del problema: un emergente del modo de vida de la comunidad, no de “personalidades” tomadas de una en una. No quiere ser víctima individual sino entender la situación en su conjunto, para poder sentirse parte de la misma. Intuye que lo primero bloquea lo segundo.
Paulina tampoco despolitiza las circunstancias recurriendo al relativismo, según el cual como todas las posiciones en última instancia son incomunicables, no podemos juzgarlas, tienen el mismo valor y así igual derecho a formar parte de la vida colectiva. Paulina no abandona las instituciones, ni mucho menos la ciudad. Por el contrario, asume la decisión política de trazar la frontera que haga posible la comunidad misma, excluyendo en este caso los valores incompatibles con los derechos humanos: por eso repudia las instituciones jurídicas realmente existente y la conducta de sus agresores.
Su acción no termina de desplegarse en plenitud. En parte porque la institucionalidad impone su lógica y la interrumpe a través del padre (la charla con su agresor nunca tiene lugar), y en parte porque es una búsqueda que sabe mejor dónde no está la justicia, que cómo encontrarla. Lo que sí sabe es que el camino es político, entendido no como lo reducido al ámbito del sistema político, sino como lucha por el sentido directa, por mano propia. Ésta, como una paradoja más de la película y como una de las tantas equivalencias del sentido común que desanuda el personaje, no se vincula con la violencia privada, sino con su rechazo y con la construcción de una nueva voluntad colectiva cuyo requisito es la comprensión —cuasi-heroica en estos tiempos neoliberales— de lo personal- privado como resultado de la politicidad de la comunidad.

4 de enero de 2016

Cine desalambicado

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"B" no es cine político. Es cine desalambicado que se enfrenta a aquellos que preconizan que hay que hacer filmes como en Hollywood. La película de David Ilundain, es inmensamente superior a intentos de cine de género como "La isla mínima".

Asombra que usando únicamente el texto literal de una de las declaraciones judiciales del tesorero del PP, asistamos pasmados no sólo a la constatación de la enraizada corrupción de un partido político español, sino al surtido de personajes cínicos y deplorables que vagan alrededor del sistema.

Posiblemente la mejor película española de la decada, por sus valores fílmicos y por como nos retrata como país.
D.

28 de diciembre de 2015

La culpa no fue D´Hondt

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María Ramos y Pablo Simón
Analistas políticos. Texto publicado por primera vez en Politikon
El sistema electoral español es original. Muy original. Tanto, que llega a resultar “maquiavélico”, como muchas veces se le ha llamado (por ejemplo aquíaquí oaquí)¹. Una de las distorsiones más sonadas es el de la desproporcionalidad que genera a pesar de ser formalmente un sistema proporcional. Es decir, el hecho de que la proporción de votos de cada partido no tenga un reflejo fiel en la proporción de escaños. En las recientes elecciones se ve claramente esta distorsión:
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Como se observa, el PSOE y especialmente el PP han conseguido más escaños de los que le corresponderían por número de votos si la conversión de votos a escaños fuera absolutamente proporcional. Las diferencias son de 4 y 6,2 puntos porcentuales respectivamente. Por el contrario, Podemos (-0,9), Ciudadanos (-2,5) e IU-UP (-3,1) han sido los más perjudicados. Para los partidos de ámbito no estatal la diferencia sin embargo es mínima: obtienen prácticamente la misma proporción de escaños que de votos.
Este patrón es el mismo que se viene dando desde 1977. Como se observa en la siguiente tabla, este sistema electoral sistemáticamente favorece a partidos de ámbito nacional con bastantes votos (ahora PP y PSOE y anteriormente a la UCD);perjudica a partidos de ámbito nacional con menos apoyos (históricamente PCE/IU, y ahora en gran medida a Ciudadanos y Podemos); pero es neutral a partidos nacionalistas o regionalistas concentrados en un territorio concreto (CiU, ERC, PNV, etc). Es decir, la mayor penalización en términos de proporcionalidad siempre ha estado en terceros y cuartos partidos de ámbito estatal, especialmente porque tenían el voto más disperso y por debajo de aproximadamente 15%. Es por esto que perjudicó también a Alianza Popular en las dos primeras legislaturas. En el caso de los partidos nacionalistas sin embargo la concentración del voto en determinadas provincias ha hecho que siempre obtuvieran aproximadamente los escaños que les correspondían por votos.

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Todos los sistemas electorales generan desproporcionalidad (pero unos más que otros)
Es evidente que todos los sistemas electorales son instituciones redistributivas. No son neutrales y siempre benefician a unos partidos en detrimento a otros. Por tanto, todos los sistemas electorales del mundo generan cierta desproporcionalidad y funcionan en parte como el Sheriff de Nottingham, robando a los (partidos) “pobres” para dárselo a los (partidos) “ricos”.
Sí, todos los sistemas electorales generan cierta desproporción. Eso es cierto. Pero unos más que otros. Lo peculiar del caso español es que teniendo una fórmula de reparto  básicamente proporcional, como es la fórmula D´Hondt, sus efectos sean en gran medida mayoritarios. De hecho, cuando se comparan índices de desproporcionalidad, como por ejemplo el índice de Gallagher, el valor promedio de desproporcionalidad del sistema electoral español lo sitúan más cerca de sistemas con fórmulas de reparto mayoritarias que de fórmulas proporcionales².
Continuamente se acusa a la fórmula de reparto, la fórmula D´Hondt, de esta distorsión. Pero no. D´Hondt no es el culpable. Al menos no el principal culpable. Quizá con otras fórmulas como por ejemplo la fórmula Hare el efecto sería algo más proporcional, pero el problema fundamental no está en la fórmula. El “culpable” como se mostrará a continuación es en mayor medida la magnitud del distrito, es decir, el tamaño de las circunscripciones.
La desproporción se debe al pequeño tamaño de las circunscripciones
Independientemente de la fórmula de reparto, en circunscripciones muy pequeñas es virtualmente imposible un reparto proporcional si hay más partidos en liza que escaños a repartir. Esto es así tanto si la fórmula de reparto es D´Hondt como si los escaños se repartieran por una regla de 3 simple. Pensemos por ejemplo que si sólo hay 3 escaños a repartir y 4 partidos obtienen representación, por mucho que los porcentajes fueran parecidos, es evidente que uno de ellos jamás podrá conseguir representación.
Guadalajara ha sido ejemplo de ello. El domingo PP y PSOE obtuvieron cada uno un escaño de los tres en juego. Ciudadanos y Podemos consiguieron porcentajes muy similares (18.1 y 17.5, respectivamente), pero sólo uno de ellos, Ciudadanos, obtuvo representación allí. De antemano se sabía que uno quedaría fuera, por más que las diferencias fueran mínimas: menos de 1000 votos. Lo mismo, pero al contrario, ocurrió en La Rioja. De los cuatro escaños a elegir, dos fueron para el PP, uno para el PSOE y el tercero finalmente para Podemos. La diferencia entre ambos aquí también era muy reducida, no llegó a 1000 votos (27 941 Podemos, 26 719 Ciudadanos). Ejemplos parecidos se han repetido en las circunscripciones de menor tamaño.
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En las circunscripciones grandes, sin embargo, D´Hondt no genera estas distorsiones. Como se observa en la tabla anterior, en Madrid y Barcelona las discrepancias entre el porcentaje de votos y escaños es mínima. A medida se reduce el tamaño de la circunscripción, especialmente desde los nueve diputados, la proporcionalidad empieza a caer. Lo más importante para que te toque pastel no es el criterio de reparto sino cuántas porciones hay para repartir. Es decir, cuantos escaños hay en juego. Dejemos descansar tranquila a la madre de Victor D´Hondt.

Nota:
En este artículo nos hemos referido exclusivamente al sesgo de proporcionalidad, que evidentemente es diferente del otro problema, el del prorateo (“que todos los votos valgan lo mismo en todas partes”), y que se refiere a la relación entre el porcentaje de población y el de escaños en juego. Es importante distinguirlos bien. Al fin y al cabo, podrías tener distritos unipersonales de 180.000 habitantes en toda España y los votos valdrían lo mismo en todas partes pero la desproporcionalidad sería aún mayor.

¹: El origen del calificativo de “maquiavélico” para referirse al sistema electoral español fue pronunciado por primera vez por Alzaga, catedrático de Derecho Constitucional, diputado de UCD y además uno de quienes diseñaron el sistema electoral vigente. Como él mismo reconoce en su Comentario sistemático a la Constitución, el encargo era formular una ley a través de la cual el Gobierno (de UCD) pudiese obtener mayoría absoluta a partir de una intención de voto de apenas un tercio.
²: Véase por ejemplo la Tabla 6. del Anexo II del Informe del Consejo de Estado sobre las propuestas de reforma electoral.

17 de diciembre de 2015

Sara Calvo Tarancón
Periodista miembro de la comunidad del Master en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

El sol parece distinto desde el Morro da Babilônia. Muchas favelas de Río de Janeiro cuentan con unas vistas privilegiadas porque se levantan en la ladera de los numerosos cerros de la ciudad, a los que se les llama morros. En un pequeño bar que corona la montaña, en frente de las playas de Leme y Copacabana, sirven cerveza Itaipava bien fría, batata doce, bolinhos de aipim y banana da terra frita.Desde ahí arriba parece que el horizonte de la ciudad ofrece infinitas posibilidades.
La bahía se ve inmensa, cristalina. La luz del atardecer se va escondiendo detrás del cerro del Corcovado sobre el que alza sus brazos y sus 38 metros de altura el famoso Cristo de Río de Janeiro, que vuelve multicolor su cuerpo de granito al caer la noche. Entre las nubes que suelen acariciarle los pies y la luz que proyectan los focos, a veces da la sensación de que el Cristo Redentor realmente esté bajando del mismísimo cielo para perdonar los pecados del pueblo carioca y de sus gobernantes.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.

Más abajo, los niños hacen uso de las plazas y juegan al fútbol descalzos, con un balón que suele terminar en los tejados de las casas vecinas. El sonido de las risas se mezcla con el rugido de las enormes pantallas de televisiones ultraplanas en casas a medio construir. Noticiarios, reality shows y películas de vaqueros hablando português en Full HD para niños con la cara sucia.
Todo el mundo sabe que a una favela de Río de Janeiro no se entra a pasear. A veces las personas que habitan estas comunidades se sienten como si vivieran en un zoo al que van a sacarles fotografías y a experimentar políticas de desarrollo social los voluntarios -quizá a veces demasiado blancos, con pasaporte europeo y afán asistencialista- que viven en barrios de clase media mucho más céntricos. Además, el proyecto de ‘pacificación’ de las favelas que empezó en 2008 está siendo cada vez más cuestionado, entre otras cosas por el abuso de la violencia por parte de las UPP, las Unidades de la Policía Pacificadora, que nunca consiguieron acabar con el narco sino más bien dispersarlo hacia la periferia. Hoy en día está concentrado en puntos calientes como el Complejo de Maré, donde viven más de 16.000 vecinos.
Vitor Grilo. El grupo 'Jardines suspensos' hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.
Vitor Grilo. El grupo ‘Jardines suspensos’ hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.

La Cumbre de la Tierra organizada por la ONU y celebrada en Río de Janeiro en el año 1992 dejó en herencia unas grandes lonas que las comunidades utilizan como centros para actividades culturales. Una de las más conocidas, la Lona Cultural Municipal da Maré organiza desde Rodas de samba hasta talleres para la construcción de espacios verdes en las casas de las comunidades, como el que llevó a cabo el grupo de trabajo ‘Jardines suspensos’, uno de los colectivos participantes en la segunda edición del LABICBR, el Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana de Brasil, que se ha celebrado en Río de Janeiro. En él han participado más de 100 personas de 14 países diferentes constituidas alrededor de 12 grupos de trabajo que abordan distintas problemáticas de Brasil, pero que también buscan resultados replicables y adaptables a cualquier país. De ahí han surgido, por ejemplo, prototipos para monitorizar vectores de dengue, programas para dar vida a las plazas de los barrios o propuestas de radios comunitarias utilizando tecnología Raspberry Pi
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.

Muy cerca de la Lona, en un bloque de casas colindante, se encuentra la Radio Comunitaria de Maré. En la puerta del edificio, un joven que no ha cumplido los 15 protege, con un fusil de esos que solo se ven en los documentales sobre la Guerra del Golfo, una boca de fumo: un punto de venta de droga. En los meses previos al Mundial de Fútbol de 2014, el ejército brasileño ocupó el Complejo de Maré para aplicar mano dura contra el narco antes de la celebración del gran evento futbolero. Un alto cargo militar aprovechó la larga tradición de la radio comunitaria y reclamó un espacio para responder preguntas a la comunidad. Lo que en un principio parecía un altavoz para darle publicidad al Ejército se convirtió en un espacio en el que la comunidad denunciaba los casos de abusos de poder por parte del mismo Ejército. La primera fue Doña Lucía, vecina de Maré y oyente de la radio desde hace 10 años. Llamó en directo para pedir explicaciones al General sobre por qué uno de los suyos le había apuntado sin motivo alguno con una pistola a ella y a su hija, cuando bajaban a hacer la compra.
8- morro da providencia
Más de un millón de personas viven en las favelas de Río, hoy ya liberadas en parte de la ocupación militar pero con muchos otros problemas a los que hacer frente y con más que se esperan para el próximo año, cuando la ciudad sea la sede de los Juegos Olímpicos. Los periódicos publicaban hace pocas semanas la noticia  de que la Policía (que sigue estando militarizada) había matado a tiros a cinco jóvenes de entre 16 y 25 años sin ni siquiera dejar que salieran del Fiat Palio blanco que conducían en las polvorientas calles de la favela de Lagartixa, dentro del Complexo da Pedreira, en la zona norte de Río de Janeiro.

A 12 kilómetros del Morro da Lagartixa se encuentra elComplexo do Alemão. Allí murió por un disparo de la Policía Militar el pasado mes de abril un niño de 10 años mientras jugaba en la puerta de su casa. Fue la cuarta víctima en menos de 24 horas que perdió la vida por las supuestas balas perdidas de las armas de la Policía. Cerca del Complexo do Alemão está Penha, el barrio donde vive Herbert, un joven de 24 años que acude a las clases gratuitas que se imparten en el Centro de Referencia de la Juventud (CRJ) de Ciudad de Dios sobre programación y diseño web.
Herbert se acercó al Palacio Capanema, sede de esta última edición del Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana, para hablar con el colectivo de trabajo de Redes de Telecomunicación Comunitarias: quería que su comunidad aprendiera a instalar una red libre tanto para interconectar a los vecinos como para compartir el wifi. Los propios alumnos del CRJ son los que gestionan la página web de Ciudad de Dios, una comunidad que se hizo famosa por la película de Fernando Meirelles.
Ciudad de Dios cuenta con una radio comunitaria en la que participa Douglas, un chaval de veintitantos que quería aprender a flashear el firmware de los routers del CRJ para formar una red comunitaria libre y compartir su wifi con el resto de vecinos. Douglas comenta que los gobernantes siempre se olvidan de la periferia porque no hay turistas ni nada que dé dinero, solo personas. “Quieren que mi comunidad, Ciudad de Dios, se convierta en una zona de paso hacia la Barra de Tijuca”, una zona de barrios lujosos y centros comerciales. “El centro es donde vives, no donde dicen ellos que está. Y si Ciudad de Dios no lo es, haremos que lo sea”.

14 de diciembre de 2015

Víctor Sampedro
Catedrático de Comunicación Política


Este es un posible escenarios después del 20D. A la vista de lo expuesto en las dos anteriores entregas (La democracia de plasma y el periodismo contemplativo y Sin protocolo profesional y responsabilizando a los más débiles), que no se plantee en los medios le añade credibilidad. Sería resultado del carácter contemplativo de una Prensa que, ansiosa por renovar el plantel de figurantes políticos, remezclará viejos y nuevos “valores” en una nueva edad de oro conservadora. Emulando aquella en la que el negacionista y guerracivilista Pío Moa era autor de mesilla de noche del Presidente Aznar. El monocultivo anti-etarra cosechaba votos a izquierda y derecha; y a J. Medem le acusaban de filoetarra por colocar la pelota vasca en el tejado de la negociación. Negociar equivalía, entonces, a rendirse. Y los próceres de la patria administraban tratamiento antiterrorista a sus enemigos políticos.
ETA representaba el último vestigio del franquismo, el único residuo fascista. Y quienes no lo suscribiesen sin matices ni añadidos, militaban en ella. El racismo era patrimonio exclusivo de Sabino Arana y sus nietos. Contar sus muertos y erigir a las víctimas en jueces, una práctica periodística muy extendida, con el consiguiente olvido de las cunetas del franquismo. Columnistas y tertulianos alardeaban de testosterona y llamaban a las filas de la Unión, a una guerra civil que se libraba en Euskaherria. El uso de ese término despertaba suspicacias de pertenencia a un “entorno” etarra sin contornos, infestado de disidentes y resistentes.
La Aznaridad, según M.V. Montalbán, o el Aznarato, en términos de J. Tussel, pueden revivir tiempos de gloria. J.M. Aznar – el primer expresidente de Gobierno que no hace campaña electoral por su partido – pudiera ser el triunfador de las elecciones. No él, sino su forma de gobernar, basada en la polarización y la crispación, que excluyen al oponente hasta criminalizarlo. ¿Se acuerdan de ZetaP? Dejen volar su miedo. Imaginen que, ya en Gobierno de coalición, los cantores más agrestes del PP se juntan con A. Rivera (ansioso por suscribir el pacto antiyahista), para entonar cantos de guerra, después de corear La Marsellesa y antes de bombardear Siria. Reemplacen a Ibarretxe por A. Mas (o quien le sustituya); e intercambien HB-Batasuna por la CUP. Verán cerrarse el cerrojo constitucional a un referéndum sobre independencia, federalismo y todo lo que pretenda rebasar el marco actual. Su cuestionamiento será antisistema, término que acabaría abarcando lo que no fuese puro Aznarato.
Mantener el régimen del 78 y el duopolio PP-PSOE, apoyado en los nacionalismos periféricos, parece ya imposible. Los pasos dados en Cataluña hacia la independencia y la respuesta de las instituciones españolas no tienen fácil vuelta atrás. El régimen se resquebraja por lo nacional y no por lo social. Minentras el 15M representaba una contestación tanto a la degradación política como a los recortes. Pero la crisis no ha tenido otra traducción significativa que el cuestionamiento de la integridad de España. En ese tema confluyen la nueva y la vieja derecha de Cs y el PP. Una, nacida para combatir el nacionalismo catalán en las urnas y la otra, que lo combatió con las armas. Ahora el armamento será otro.
El Español, el nuevo diario de Pedro J., se cree llamado a ser el baluarte del “nuevo periodismo” y la “regenación”. Bien financiado con macrodonaciones, sería el artefacto mediático-electoral del Aznarato II; lanzado en pleno órdago independentista. Primero, auparía a Ciudadanos. Luego, azuzaría y daría purgante a los cargos del PP, para renovarlo o hundirlo. Todo depende de las cuentas y las conveniencias.  Ramírez viene de lejos y encarna una figura única en la historia universal de la infamia periodística. Es el único director de un periódico que llamó a boicotear otro diario. Porque, aunque afín, no abrazó su teoría de la conspiración del 11M. En realidad, le permitió desbancar al periódico boicoteado, ABC, del segundo puesto de difusión. Mientras su conmilitón Jiménez Losantos alcanzaba otro logro semejante, colocando a la COPE por encima de Onda Cero. Luego alzaría su propia empresa, Libertad Digital, aliándose con el ala más dura del PP. Recibió dinero de la caja B y licencias de los gobiernos autonómicos “populares”, mediando las transacciones aquel Ministro de Interior que veía a ETA donde los Tedax constataban evidencias yihadistas. La conspiración del 15M fue el huevo de la serpiente que el Aznarato dejó para mantener la crispación. Después del 20D puede eclosionar de nuevo.
Las encuestas pronostican un gobierno del PP, apoyado por (o en coalición con) Ciudadanos. Y la lógica partidaria señala que los de Rivera intentarán desgastar a sus socios, para convertirse en primera fuerza política. Es el contexto de tormenta perfecta para Pedro J. El Español, toma el nombre de la publicación de José (o Joseph) Blanco White: un cura liberal, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y que murió exiliado y convertido al protestantismo.
A Ramírez le sulibeyaría encarnar el retrato que Gotisolo realiza de semejante heterodoxo: “expatriado atrabiliario, monstruo, corruptor de la moral pública, venal y traidor, perro desleal, español desnaturalizado, pluma sanguinaria y atrevida, anglo-criollo…” Pero existe otro antecedente periodístico, quizás más revelador: El Español de Adolfo Muñoz Alonso. En palabras de Gregorio Morán, fue el “artífice de la expresión el contubernio de Munich [estigma oficial del germen de la oposición antifranquista], presunto filósofo y acaparador de cátedra en la Universidad de Murcia, presidente de las Asociaciones de la Prensa de España, director de la Escuela de Periodismo que se movía (…) tanto en los entornos de la Falange como del Opus Dei”. Entornos en los que Pedro J. también se desenvuelve con facilidad.
El referente de Blanco White resulta útil por sus giros pendulares ante la integridad territorial, el campo de batalla que el Aznarato intentará dominar, situándolo en el centro de la vida política. El cura hereje experimentó una evolución drástica respecto a la independencia de Hispanoamérica. Comenzó defendiendo la unidad del Imperio. Para postular luego una confederación de Estados independientes, pero vinculados al monarca. Y acabó resignándose a la separación total de las colonias respecto a la metrópolis. Virajes que no son ajenos a Pedro J en su etapa de El Mundo. Arrancó en 1989 defendiendo la autodeterminación del País Vasco. Pasó a denunciar el genocidio cultural de la política lingüística catalana. Y acabó tachando al Tripartito Catalán de secesionista.
Proclive a pensarse el factotum de nuestra épica reciente, Pedro J. explicó su salida de El Mundo por presiones de Moncloa y su intento de derrocar a Rajoy. Antes se arrogó haber finiquitado el felipismo y catapultar a Aznar hacia la Moncloa. Incansable muñidor de campañas, montó la de UpyD; infopublicitaria, antes que informativa. Noten la similitud de la tríada Unidad, Progreso y Democracia con aquella de Una, Grande y Libre. Los mismos campos semánticos e idéntico orden. La Unidad es el arranque del imaginario conservador, el punto de partida, sin el cual no hay desarrollismo ni democracia. Perciban la pujanza de esta tesis en el argumentario españolista que alerta de la debacle económica y de las libertades en una Catalunya republicana. Serán también las tesis de sus antagonistas tras el 20D, disfrazados de liberales y jacobinos. La mancheta de El Español se ajusta a la careta de Ciudadanos: el cromo de recambio, la nueva apuesta.
No olvidemos que Blanco White murió como arzobispo anglicano de Dublín y siendo un ferviente partidario del unionismo. La españolidad, de aromas aznaristas y retrogusto requeté, puede modernizarse con la GeneraciOnEncontrada (sic, Banco Santander), con los babyboomers nacidos del pelotazo inmobiliario. Los de la ética pública equiparada a la responsabilidad social corporativa; la patria, a la empresa; y la bandera, a la marca. Para cierto nuevo periodismo, también todo sigue en venta.
Víctor Sampedro 
Catedrático de Comunicación Política

Desde las elecciones de 2011, los medios no han logrado forzar una sola dimisión en las cúpulas de los partidos más asentados. Han dimitido algunos cargos técnicos, de rango medio o ámbitos locales. Pero cabría preguntar si fue la presión popular o la mediática quién tomó la iniciativa (por ejemplo, en las Black Cards)
o ejerció más presión. Éste parece ser el caso de las dos únicas dimisiones de ministros: la del titular de Justicia, A. Ruiz Gallardón (blanco del feminismo post15M, por su ley del aborto) o la de Sanidad, Mato (por su inacción ante el Ébola y su implicación en la Gürtel). En cualquier caso, no eran piezas clave del Gobierno.
Podría argumentarse que en las redacciones no se dictan las leyes ni las sentencias de corrupción. A la falta de medios independientes y su posición contemplativa ante el espectáculo político, expuestas en la anterior entrega, se suman los parlamentos sin comisiones de anticorrupción y los partidos sin órganos de garantías y disciplina internas. Amén de los magistrados y letrados elegidos a dedo, según el número de escaños. Pero el contexto de politización institucional a mediados de los 90 era semejante. La ausencia de mayoría absoluta del PSOE explicaría la mortandad política entre sus filas, en comparación con la salud de hierro de un PP que, asolado por casos de igual o mayor calado, se postula como la fuerza más votada. Este sesgo conservador de la Prensa se reproduce ahora en el desigual tratamiento que reciben Podemos y Ciudadanos. Los informadores no comparten un protocolo profesional. Pero apelan a él y lo aplican con rigor contra las fuerzas política más transformadoras o disruptivas.
Forzar una dimisión es la máxima rendición de cuentas a la que puede aspirar un periodista. Y los escándalos, el género más eficaz y popular de lograrlo. Pero cuando se generaliza acaba banalizándose y generando un clima de impunidad. Algo que, en buena lógica, rentabiliza quien más tiene que ocultar; pero que los periodistas parece que obvian u olvidan. La imagen de prepotencia de los líderes de Podemos empezó a fabricarse (aparte de por algunos innegables y garrafales méritos propios) cuando se les recriminaba que rechazaban comparecer en programas a los que, sin embargo, nunca acudían líderes del Gobierno o del PSOE. Recuerdo a un alumno de un Máster de Comunicación Política, precario de un medio digital minoritario, tachar a Monedero de prepotente por no concederle una entrevista en pleno estallido de su caso. Invertía la recomendación del gran E. Meneses a los jóvenes periodistas : “sed blandos con el débil y duros con los poderosos”. En paz esté. Meneses, no el alumno, claro.
Las dimisiones se han producido entre las fuerzas políticas emergentes. J.C. Monedero y G. Zapata serán recordados como las únicas piezas de la casta abatidas por el periodismo español de inicios del s. XXI. El primero no ocupaba cargo ni manejaba dineros públicos. Tampoco cometió delito fiscal alguno; como mucho una falta, que subsanó pagando. Zapata resultó electo, pero no llegó a tomar posesión por una fanfarronada en Twitter, sobrepasada cada día por los bocazas de otras formaciones. Pidió perdón y disculpas, que fueron interpretadas por muchos como falta de coraza y profesionalidad. Como ya he expuesto, la falta de consistencia de los líderes de la “nueva política” y de sus propuestas, apenas disimuladas con prepotencia o autosuficiencia, ofrecen flancos muy vulnerables. Pero no son patrimonio exclusivo de ellos.
No encontraremos encándalos ni juicios sumarísimos tan sonados entre los candidatos de Ciudadanos. A lo que se replicará que a muchos les han descubierto trapos sucios. Considérese, sin embargo, que hablamos de una formación cuya vida abarca casi una década de convivencia (y, por tanto, de forzosa connivencia) institucional. Pregúntenle a la gente por los corruptos de las formaciones de A. Rivera, P. Iglesias y M.Carmena. Registren los abrumadores “no sé / no se me ocurre” de la formación naranja. Y la omnimpresencia de Monedero o, incluso, de Carmena por sus veraneos de lujo y atentados ecológicos. Lógico: la opinión pública es igual a la opinión publicada y esta, en algunas ocasiones, a la votada. Extendiendo la mancha de corrupción a todos, se la normaliza e inhabilita como argumento electoral. Dosificada adecuadamente a los neófitos de “la casta”, sirve para señalar al escudero o comparsa predilecto.
La estrategia editorial-partidista que subyace es obvia. El PP y el PSOE constataron hace tiempo la imposibilidad de alcanzar la mitad de los escaños del Congreso. Ni por separado, primero; ni siquiera juntos, después. La desigual cobertura de Podemos y Ciudadanos se explica por cuestiones de afinidad ideológica y futuros cambalaches gubernamentales. Podemos, apoyado ahora por las formaciones municipalistas, no disputará a Ciudadanos la posibilidad de forzar o encabezar el cambio. Así lo vienen afirmando durante todo este año los editoriales, que determinan el tono de las noticias. Y se repite machaconamente desde las encuestas y las tribunas de opinión.
Estamos ofreciendo un ejemplo de desigualdad acumulativa de manual. Una prensa que da más y mejor visibilidad a quien ya cuenta con más apoyo corporativo y financiero. Quien también controla los contrapesos parlamentarios y jurídicos, convirtiéndolos en martillo de la oposición. Le sería imposible hacerlo si hubiese un protocolo profesional, asumido como línea de flotación del periodismo veraz. No el de la verdad. Sino el que duda de sus verdades y recoge la que se asienta en la realidad y en debates públicos que abordan los intereses de la mayoría o minorías más significativas. Como señalaba M. Caparrós en este blog, ese periodismo proclama “No soy neutral; nunca lo fui, no quiero serlo. Tengo ideas, solo que trato de desconfiar de ellas: de ponerlas a prueba”.
Las redacciones de algunos medios conservadores nunca necesitaron protocolo profesional. Su verdad precede a los hechos. El editorial-homilía no requiere datos ni testimonios contrastados, tampoco argumentarlos con lógica. La teoría de la conspiración del 11M, reavivada con los atentados de París, es un ejemplo ignominioso denunciado en este blog. Quienes pretendían descubrir los “agujeros negros” de la masacre nos hundieron en la pre-Ilustración. Sus valedores inventaron, forzaron y tergiversaron pruebas y testimonios. Nunca sostuvieron una única tesis razonada y lógica. Cuestionaron las pruebas oficialeslas sentencias en firme sin aportar nuevas evidencias. Rasgos propios de una Prensa anterior al siglo de la Razón y contraria al Estado de Derecho. Constituyen motivos de vergüenza para una profesión que aún no ha expulsado de su gremio a sus portavoces o que, como en el caso de P.J. Ramírez, se postulan como abanderados del nuevo periodismo.
Pero no adelantemos la última entrega de esta serie. Importa ahora reparar en que los periodistas están representado por el último sindicato vertical del franquismo: las Asociaciones de la Prensa. Afirman defender con igual intensidad tanto a los becarios y redactores precarios como a los directores o propietarios que les precarizan. Las AP (con idénticas siglas que Alianza Popular, precedente del PP) apenas disimulan sus orígenes, ligados (también) a la franquista Prensa del Movimiento. Baste recordar que la Asociación de la Prensa de Madrid exigió al Ayuntamiento de la capital que retirase la web donde expone las mentiras periodísticas que sobre él se vierten, probando su falsedad factual y documental. A pesar de que madridvo resulta tan inocua que no ofrece vías para protestar o quejarse, la APM asegura que puede “crear un clima de animadversión hacia los medios y los periodistas” y remite a los juzgados las posibles quejas (aunque disuadiendo de iniciar procesos legales, pues advierte de su saturación). Adviértase que es la misma respuesta que dan los políticos corruptos: “usted pone en riesgo la institución y a los tribunales le remito”. Lo mejor es el arranque del comunicado de la APM: no reconoce como “garantía de verdad o veracidad” el contraste de las noticias con las actas de las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Madrid.
Arrogarse el monopolio de la verdad y de la crítica, renunciando a unos estándares de calidad y protocolos profesionales mínimos, es propio de un periodismo que se quiere libre e irresponsable. Libre para lucrarse, incluso mintiendo. Responsable solo ante los bancos y fondos de inversión, sus dueños y anunciantes.
Más allá de la economía política de las empresas, también pesa la cultura política de los profesionales. Incluso los medios minoritarios más proclives al 15M o que se reclaman sus portavoces practicaron el periodismo “de investigación” al servicio de las fuentes con mayor poder: los dossieres oficiales se filtran y publican en el momento adecuado, para combatir al enemigo político. El caso Monedero coincidió en el tiempo con el de H. Falciani. La filtración del hacker identificaba a cientos de titulares de cuentas opacas en el extranjero, que también eran candidatos a las elecciones municipales y autonómicas. Semejante información pasó casi inadvertida, ante el interés suscitado por “los dineros de Chaves” con los que Monedero montó “el imperio mediático” de La Tuerka. Luego vendrían los escándalos de la familia Pujol y de Convergencia i Unió, en la batalla mediática lanzada desde el Ministerio de Hacienda para frenar la deriva independista de Cataluña.
Cuando C. Montoro anunció una inspección fiscal contra P. Iglesias solo un columnista clamó: “Sus derechos son los míos.” “¿Esto qué es? ¿Venezuela?” “¿Hacienda qué es? ¿la Inquisición fiscal?” Y, de paso, proponía al ministro: “Haga la inspección de todos los que han seguido a los Pujol… venticinco años protegiéndoles”. El ínclito Jiménez Losantos, abanderado impenitente de la conspiración del 11M, sentaba cátedra sobre deontología periodística. Mientras criticaba el uso gubernamental de las fuentes oficiales, señalaba el próximo objetivo a abatir. Quien establecía los límites deontológicos y del Estado de Derecho, jaleaba saltárselos. En fin, lo propio de una profesión sin otra limitación que la autoimpuesta. O peor aún: la fijada con sus conmilitones políticos, según la campaña y el enemigo del momento. Y que, para más INRI, no encuentra contrapeso en el otro lado del espectro ideológico.
A la fragilidad de la economía-política de las empresas de comunicación se añade la cultura política que impera en la profesión, no muy diferente de la (in)cultura política general: antidemocrática e inconsistente. Incluso, inexistente. A la nomenclatura de Podemos se le ha reprochado el intrusismo y el personalismo que implicaba actuar desde medios propios y hacerse ominipresentes en los ajenos. Sin reparar en que es un prerequisito de acceso al campo de juego electoral (que te reconozcan en las papeletas) y, antes de nada, el derecho inalienable de cualquier ciudadano, sin necesidad de ser asalariado de un medio o graduado en Comunicación.
La “nomenclatura podemita” ha sido también criticada “por ir de puros e íntegros”. Escenificándose mediáticamente el aquellarre que hacíamos con el bocazas del cole que había puesto en evidencia nuestra cobardía. Se ha transmitido hasta la saciedad el mensaje tantas veces dictado en casa y en las aulas: “No te signifiques”. Aplicándoselo a quien había retado a Montoro (“No te tengo miedo”) y anunciado que el “el miedo va a cambiar de bando”. Pero la Prensa funcionó al servicio de una sociedad censora y asumió dirigirse a una ciudadanía de bajo perfil. Aplicando, además, el correctivo adecuado al disidente: tragarse su propia medicina, con doble dosis. Un proceder, en suma, propio de un régimen represor y de una democracia de baja intensidad.
Las maltrechas culturas de izquierda y militancia social (incluida, por supuesto, las que se disputan Podemos) apenas han servido para articular políticamente el consenso del 15M. Los medios que se reclaman quincemayistas erigieron portavoces oficiales de los indignados a quienes elaboraron la interpretación más subjetiva, personal y despolitizada. Su purismo intelectual, escrupuloso de mancharse con el compromiso político, invita a inhibirse y a delegar en los expertos. Siendo, no por casualidad, una postura idéntica a la de la intelligentsiaprogre de la Transición. E igual de inocua para las fuerzas políticas más pragmáticas y acomodaticias.
Por último, el retrato mediático de la izquierda más allá del PSOE lo componen facciones encontradas e incapaces de confluir. Las voces más extremistas y ortodoxas han encontrado espacio para expresarse a pleno pulmón. El cainismo endogámico y los discursos de autoconsumo señalan la comodidad de dirigirse a las facciones y sectas de acólitos ya conocidos. Expresan, en fin, la renuncia o la incapacidad del periodismo que se proclama progresista para hablar con y por la mayoría social transformadora. Lo cual abre campo para que otros lo hagan desde la fusión entre lo más rancio y lo más nuevo de la derecha. ¿Será el Aznarato II de la próxima entrega?