CELDILLAS

15 de abril de 2014



Una de las aproximaciones más bellas y veraces a la realidad de esta ciudad basura que es desde hace dos décadas Madrid.

Un trabajo de Juan Beiro.
Vía MCYP.
D.



El Palacio de la Música espera convertirse en una tienda Mango gracias a dos alcaldes madrileños: Gallardón y Botella. Vaya par de patanes...


14 de abril de 2014



Era la boda en el Palacio, las autoridades no dejaban manifestarse ni sobrevolar la zona, yo tenía un ático cerca, Caramelos Paco (y sus globos de colores) estaba muy cerca también. Aten cabos...



500 pollas voladoras tricolores surcaron el cielo de Madrid aquella lluviosa mañana. Esas cosas que hacíamos.

EL ATAQUE DE LAS "POLLAS REPUBLICANAS"
500 Pollas Republicanas violan el virginal espacio aéreo de Madrid

(Tomado de Indymedia-Madrid)

"El autodenominado Rabo en el Exilio (grupo revelación recién erguido) ha revindicado la colorista e infantil acción erótico-política por la cual medio millar de falos hinchables y bastante hinchados (más de un metro y medio de longitud con unos huevos del tamaño de la cabeza de Trillo) han irrumpido sobre la Almudena y la Gran Vía madrileña para solaz de propios e impropios. Las fuerzas y cuerpos de seguridad han tenido serias dificultades para contener el entusiasmo popular desatado a la vista de tamaña (por lo grandes) proliferación pollonesca y republicana. Tiernos infantes se han desgajado de sus progenitores desafiando a los vigilantes F-18 y al mismísimo avión paraguas y conseguir un polla-república para decorar su dormitorio junto al póster de Britni Spiers y del Getafe F.C. Se sabe que destacadas testas coronadas se han quejado a Protocolo por no haberles reservado también a ellos un pollón republicano. Pero así son las cosas; las pollas republicanas son para el pueblo mientras que, como todo el mundo sabe, las autoridades siempre han funcionado a dedo, que es lo suyo por lo demás."
D.

10 de abril de 2014

Esta última entrega, completa las dos anteriores, I y II. Abordo ahora las consecuencias últimas del pseudoperiodismo, que ha dado lugar a una pseudocracia. El primero da forma de noticia a la mentira. La segunda es el régimen de gobierno que se alimenta de ella y la perpetúa (pseudo significa mentira en griego).

Gracias a la teoría conspirativa, El Mundo desplazó como segundo diario con mayor tirada al ABC. La COPE también se situó como segunda radio en audiencia, con Jiménez Losantos a la cabeza. Éste, para completar la pitanza, además de colaborar con ambos medios, creó su propio triángulo de las Bermudas. Bajo el rótulo de Libertad Digital, montó un periódico, una televisión y una radio digitales. La prensa de la “nueva” derecha, la radio de los obispos y los ultra(liberales) de la Red aunaron fuerzas y esfuerzos. Si les hiciesen una auditoría fiscal, posiblemente los cerrasen. Si se completase con una comisión deontológica, les subiría los impuestos hasta equipararlos a los de la pornografía. Los medios citados llegaron a convocar un boicot contra ABC, porque no suscribía la conspiranoia. Tampoco la desmentía. Pero todo vale para zafarse de competidores y despejar el camino al negocio de la mentira.

No se habrían llevado esa tremenda tajada si hubieran ejercido el periodismo de investigación, que se arrogaban en exclusiva. Resulta laborioso y caro encontrar pruebas irrefutables a una versión oficial. Se tiraron a lo fácil: cuestionar a policías, peritos y testigos. Fabricar pruebas falsas y guionizar falsos testimonios. Pagarlos con dinero, apoyo mediático y judicial. Para que los aireasen los mismos desalmados que pusieron las bombas o pasaron los explosivos. Invalidar, en lugar de hacer avanzar, un proceso judicial. En resumen, minar el Estado de Derecho.

La conspiración es una mercancía muy barata y rentable, en términos políticos y económicos. (1) Fácil de elaborar, no precisa aportar hechos ni seguir ninguna lógica. (2) Fácil de entender, presenta a los buenos y a los malos, con un relato personalizado y maniqueo. (3) Se autojustifica y mantiene por sí misma. Si no hay nuevas pruebas, las habrá. Con tensión narrativa, porque todo acabará encajando. (4) Se alimenta de los desmentidos. Porque, al intentar rebatirla, se le confiere entidad y verosimilitud. (5) Cierra filas en torno a los seguidores, que se sienten amenazados o expuestos a la debacle que se anuncia. En suma, con mínimos esfuerzos y costes, fideliza las audiencias. Las convierte en espectadores aterrados o “crispados”, que nada pueden hacer, excepto seguir pendientes de que les den las claves de cómo y cuándo actuar. Meros peones guerracivilistas, lanzados contra las trincheras enemigas. Y que, por cierto, han acabado desertando del PP y formando nuevos partidos.

La conspiración bloqueó que surgiese un verdadero periodismo de investigación. Hubiese exigido rendir cuentas, acicateado el esclarecimiento de las responsabilidades políticas, en el Gobierno saliente y no en el entrante. No sabemos nada de la ineficacia, las insuficiencias y las inercias burocráticas que impidieron que los encargados de hacerlo previniesen la matanza. Al contrario, los conspiranoicos blindaron a una recua de mentirosos, incompetentes y corruptos. El entonces Ministro de Interior, Ángel Acebes, entró en 2008 en el consejo de la corporación financiera de Caja Madrid y está imputado en Bankia. Eduardo Zaplana, Ministro de la Presidencia, figura en los casos de Terra Mítica, los ERE… Nunca dijo “estoy en política para forrarme”. Sus palabras fueron otras, más claras: “Lo que te dé. Y me das la mitad bajo mano” (sobre una comisión en el Caso Naseiro). ¿Para qué seguir mentándoles? Sus declaraciones antes de las elecciones de 2004 resultan más bochornosas. Hace nueve años que las recopilamos en un CD, junto a un libro colectivo, y las colgamos de YouTube.

El caso es que, además de forrarse, también les salieron unas estupendas cuentas electorales. Las del partido aparecerían cuando la inmundicia sobre el 11M no dio más de sí. El PP casi revalidó los diez millones de votos que había obtenido en el 2.000. Los cargos antes citados (y muchos otros) salieron reelegidos. Evitaron rendir cuentas por haber mentido sobre un atentado que no supieron atajar. Se mantuvieron en las encuestas, movilizando a su electorado. Cogieron la mano, le agarraron el brazo a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (de ETA, claro); hasta cogerla del cuello y convertirla en su títere. Enfrentándola, incluso, a la Asociación de Afectados del 11M. Así bloquearon los intentos de Zapatero para finiquitar el terrorismo vasco. Involucrándolos, juntos o por separado (¿qué más daba?), en el atentado más sangriento de la historia. Así abortaban la baza que afianzaría al PSOE en el poder.

Si todo esto les parece poco, agárrense a la pantalla. Porque, siendo grave lo anterior, el periodismo inmundo supuso un retroceso civilizatorio, sin precedentes en el mundo occidental. Va en serio. No exagero un ápice. Lograron que el debate público involucionase hacia fases pre-modernas, carpetovetónicas. Tampoco es que antes fuese mucho más allá. Pero recuerden que hablamos de un Presidente de Gobierno que define la realidad desde sus convicciones morales y de pseudoperiodistas que le dan pábulo. La conspiración, aunque abanderada xenófoba de Occidente (“los moritos de Lavapiés no pudieron hacer el 11M sin ayuda”), niega dos principios de la Modernidad y la Ciencia. Ambos sostienen que la verdad empírica, la constatable, nunca es absoluta. Debieran asumirlo quienes aún exigen la explicación total de aquellos atentados e invalidan una sentencia en firme que, como todas, tiene algún fleco pendiente.

Primero está la navaja de Guillermo de Ockham (¡s. XIV!). Sostenía este monje franciscano (sí, el protagonista de El nombre de la rosa de U. Ecco) que la hipótesis con menos suposiciones es probablemente la más correcta. ¿Cuántas tramas, con cuántos actores y motivaciones, manejan los conspiranoicos? Y después vino la falsabilidad de K. Popper (1934, ¡más de 80 años¡). Que dice que las hipótesis – afirmaciones que deben contrastarse – no son verdaderas ni falsas, sino falsables. Se aceptan como válidas mientras no las desmientan o corrijan nuevas pruebas. Si no, no hay quien avance. Ni en un laboratorio científico, ni en una comisaría, ni en un juzgado… ni en una redacción. ¿Qué hipótesis sostienen Pedro J. y sus adláteres? Ninguna y todas al mismo tiempo. Por eso hay que declararles personas non gratas en los campus. Han prostituido el periodismo de investigación. En el terreno ideológico, impidieron que la derecha franquista evolucionase hacia un liberalismo laico y democrático. Niegan la ciencia y la civilización.

Aún bien que, en medio de la connivencia gremial, el clientelismo político y falsos arrepentidos, alguien nos ha dicho la verdad. En las vísperas del último 11M, el ex-jefe de los Tedax denunció la trama periodística sobre los explosivos. También Fernando Reinares publicó (¡por fin!), un libro que atribuía el atentado al yihadismo, despejando todas las dudas. Ante la pregunta de si podía haberse evitado, afirmó: “Si la unidad de la Guardia Civil dedicada al tráfico ilícito de explosivos hubiera compartido a tiempo su información con la unidad que dentro de la propia Guardia Civil llevaba el seguimiento del tráfico ilícito de drogas, y a su vez esa información se hubiera intercambiado con la que tenía la Comisaría General de Información que continuaba investigando el sumario de la ‘Operación Dátil’, que estaba a punto de concluir, todo hubiera podido ser distinto. Porque así es como se financió el 11M: con drogas.”

Está farragoso. No sé si aposta. Pero han leído bien. La conspiración se asienta en el silencio que se mantiene sobre el intercambio de explosivos entre la Guardia Civil y sus confidentes. Les dejaban traficar con hachís y dinamita, para seguir el rastro de futuros delincuentes. Pero algunos eran agentes dobles. Se les fueron de las manos. No estaban coordinados. No les entendían cuando, en su presencia, hablaban en árabe. Todos los recursos y efectivos se dedicaban a combatir a ETA y a su entorno. Aunque los expertos en terrorismo supieran siempre que no habían sido los autores del 11M. El Congreso de EE.UU. contaba con un informe que a los ocho meses del atentado descartaba la autoría de ETA. Wikileaks lo publicó en febrero de 2009, a disposición de cualquiera. ¡Hace cinco años! A ver si son los hackers, y no los periodistas y sus expertos en terrorismo internacional, quienes nos salven. Aquí tenemos a Évole, hackeando los formatos televisivos, como señalábamos en la entrega anterior.

Salvados debiera producir otro fake o farsa, esta vez sobre el 11M. Sus agujeros negros se parecen a los del 23F y están en el Ministerio de Interior. Tan negros, que su opacidad puso en riesgo la democracia en 1981 y la vida de muchos ciudadanos en 2004. Al menos eso afirman los novelistas. Es la tesis de Cercas en Anatomía de un instante, que se detiene en los secretos de los servicios de inteligencia. Y la de Gutiérrez-Aragón en La vida antes de marzo, que novela la trama de explosivos de las minas asturianas. Les cito sin compartir las tesis (a)políticas de ambos libros. Pero, lo dicho, este es un país de cuentistas. Lo digo también por las de nuestros ex-gobernantes. Repasen las recientes de Aznar y Zapatero sobre el 11M. Entenderán por qué los dos últimos ex-presidentes de Gobierno no fueron invitados al funeral del pasado 11 de marzo. Para anomalía democrática, ésta. Hablamos de los máximos representantes electos de este país durante esta década infame.

El ex-jefe de los Tedax publicó en su libro que Aznar y, después, Zapatero y Rubalcaba no quisieron dar publicidad a sus informes. El primero, porque creyó que relanzando la cruzada contra ETA ganaría las elecciones de 2004. Los segundos, para dejar que los populares se despeñasen en una deriva alucinada y alucinante, que acabaría deslegitimándoles. “Que hablen los jueces”, dijeron, eximiendo a la clase política de cualquier autocontrol. Lo que importaba es que Rubalcaba recogiese el rédito electoral de la desaparición de ETA. Ya saben, cuanta más crispación, mejor. Una lógica paralela a la estrategia criminal del terrorismo: cuanto peor, mejor.

La crispación política ha sido la hermana gemela (más bien, el engendro siamés) de la conspiración mediática. Hasta que ETA desistió de su delirio armado. Y hasta que el 15M reemplazó el 13M. Al bipartidismo, encubierto de antagonismo, se le fueron de las manos los ciudadanos infantilizados. Al PSOE le crecieron los enanos quincemayistas. Al PP, los cazafantasmas antiterroristas y más españolistas. Ya no está el ogro con el que les asustaban. El enfrentamiento es ahora con la ciudadanía y con los periodistas que les acompañan. Véase la reacción de ambos ante la represión de las Marchas de la Dignidad y del 22M; los apaleamientos de reporteros, los montajes y el sabotaje policial de lo que quería ser el inicio de otro 15M. Por eso hay que desalojar a sus corifeos mediáticos de los campus. Al menos, eso.

9 de abril de 2014

En la entrega anterior pedía al alumnado de CC de la Información y/o Comunicación que declarase a Pedro J. Ramírez, Casimiro García-Abadillo, Fernando Múgica y Federico Jiménez Losantos personas non gratas. Mientras la escribía, los estudiantes rechazaban la ley de su compadre Wert en las calles. Ahora argumento las razones de fondo para que destierren de los campus a quienes, una vez más, les invisibilizan. Ni una sola mención a la huelga y las detenciones de estudiantes en la edición digital de El Mundo que acabo de consultar (28 de marzo, 13:19 a.m.). Los pseudoperiodistas fabrican opinión pública, en vez de ayudarla a que se forme y exprese. Inventan mayorías para hablar en su nombre. Si pueden, ignoran a quien se les enfrenta. Si no, le criminalizan. Hay que desalojarles de la esfera pública, si queremos oírnos y dialogar en paz. Hay que vetarles en los ambientes académicos que forman a futuros periodistas. Su primer cometido será escuchar al público, antes de dirigirle la palabra e intentar representarle. Una cuestión de mero respeto, vamos.

Si otro compañero de profesión hubiese incurrido en sus desmanes, los periodistas inmundos le habrían imputado, al menos, tres muertos. Se pasaron una década buscando los “autores intelectuales” del 11M. El 13 de marzo de 2004 el panadero pamplonica Ángel Berrueta fue acribillado a balazos por un vecino policía. Se había negado a colocar en su local un cartel que imputaba la matanza a ETA. Al día siguiente, en una manifestación solidaria con su familia, Conchi Sanchís falleció de un infarto, tras una carga policial en Hernani. Los inmundos también acosaron al excomisario de Vallecas, que custodió la mochila con las pruebas claves. Invalidaba sus invenciones sobre los explosivos. Le destrozaron la carrera y la vida familiar. Su mujer se suicidó.

En democracia, los intelectuales (que no se quejen, les tratamos como si lo fuesen) no delinquen. No les imputamos ningún asesinato, sino el mayor delito que puede cometer un periodista: intimidar y engañar a la opinión pública. Desde la mañana del 11M desplegaron la estrategia comunicativa de Aznar. Intentaron desatar lo que Noelle-Neumann llamó una espiral del silencio. Intentaron amedrentar a quienes disentían. Callarles, fabricando una falsa mayoría al acusar de colaboracionistas a quienes avalasen el desmentido de Otegi sobre la autoría de ETA. Y nos convocaron a la manifestación oficial del 12 de marzo. Como explicamos en un libro de 2009, aquello fue un acto electoral del PP, que pudo acabar en otro atentado peor que el de los trenes. Ahí también aportamos argumentos e imágenes que siguen censurados.

Antes de las elecciones de 2004, en lugar de silencio se sucedieron las mentiras prudentes (teoría de Timur Kuran). La versión oficial fue cuestionada con apocamiento, medias tintas y en voz baja. La mentira institucional y el silencio de la oposición se quebraron cuando las cibermultitudes del 13M se convocaron en la jornada de reflexión electoral. No cabía otra que exigir la verdad antes de votar. Le atribuyeron a Rubalcaba haber organizado aquellas manifestaciones, cuando compareció en público a rastras de ellas. Y así ha seguido la cúpula socialista, rebasada por la contestación social. Ya no digamos cuando el 13M reapareció como 15M, que según los conspiranoicos, era la versión camping del comando Rubalcaba.

La conspiración aprovechó, desde el primer momento, que la condena a ETA fue unánime entre representantes políticos, intelectuales orgánicos y corifeos mediáticos.  Condenaron al “entorno” vasco-etarra aquellos días, con una certeza infundada, desmentida por los hechos. Se había convertido en corrección política gritar: “Maldita ETA. Y si no ha sido ella, da igual”. Una expresión diáfana del todo vale contra el terror. Aunque sea al margen de la realidad. Es decir, la excusa perfecta que permitiría magnificar al enemigo que justificase toda la inmundicia que soltarían con su excusa. ¿Para qué recordar los nombres de aquellos tribunos inflamados de ardor antiterrorista? Algunos de ellos, ahora se presentan como regeneracionistas, antiglobalizadores o quincemayistas. Identifíquenlos, si quieren, en los comentarios. Nosotros ya lo hicimos en su tiempo, en aquel libro. Ni uno solo se ha retractado. Carecen de legitimidad para repudiar el periodismo inmundo. Se inhabilitaron para parar los pies a quienes les tomaron la delantera en 2004.

De hecho, tras el 11M, la mayoría de políticos y tribunos aplicaron la máxima regla de la Transición. Borrón (ensangrentado) y cuenta nueva (de resultados). A seguir con el mismo negocio. El muerto al hoyo. Y los más vivos al bollo. Sin mirar atrás. Sin piedad. Ocultando traiciones, heridas… responsabilidades inconfesables. Lo que no previó la izquierda es que la derecha perdería la vergüenza. “Sin complejos” reescribió la Guerra Civil de la mano de Pío Moa y con otra reivindicó a Azaña durante el Aznarato. Perdido el poder, se lanzó a contar fábulas de horror en tiempo presente. La teoría de la conspiración fue el cuentacuentos (storytelling, dicen los pedantes) del PP. Antes, durante y después de cada aniversario del 11M; incluido el último. Y piedra angular de la lapidación de “ZetaP”. Más de cuatrocientas preguntas del Grupo Popular introdujeron la inmundicia mediática en el Parlamento. A eso se le llama alineamiento editorial-partidario. O prensa de partido.
El intento de normalización del periodismo inmundo al que hemos asistido era previsible. Las reacciones a los dos programas de Salvados, previos al último 11 de marzo, así lo hacían presagiar. Tras el primero, sobre el 23F, “la profesión” linchó a Evolé. En el segundo, cuando entrevistó a Pedro J., le puso en evidencia de forma manifiesta, pero nadie dio acuse de recibo. No se enteraron o miraron a otro lado.

Mis alumnos (y otros muchos conocidos) han sustituido el telediario e Informe Semanal por el Intermedio y Salvados. El tumulto mediático sobre el “engaño” de Évole, un falso reportaje del 23F, manifestaba el afán de auto-legitimación de una profesión desnortada. Los prebostes del oficio se pusieron selectos. Nos advirtieron que el problema era la (con)fusión de formatos. Como si no usásemos la infosátira para quitarnos de encima el fétido olor a relaciones públicas y a propaganda partidaria que desprenden las noticias que consideran serias.

Évole encarna al hombre de la calle, al Juan de Mairena periodista (se lo he copiado a Juan Varela). De ahí su identificación con el público. No engañó a nadie. Al contrario que los reporteros “más rigurosos”, desveló su artificio. Artificio, verdades a medias y completas falsedades son también los libros y crónicas del 23F publicados por periodistas de mucho pedigrí. Javier Cercas se pasó a la novela y en Anatomía de un instante contó lo que hasta ahora se nos permite saber sobre aquella puesta en escena. Lo que relata no difiere tanto del simulacro de Évole. Éste último reconocía que había producido una ficción, porque no podía acceder a los archivos. Siguen cerrados a cal y canto. Una “narración real”, que diría Cercas, puede resultar más cierta que un reportaje. Por eso, dicho sea de paso, mis mejores alumnas (casi todas son chicas) conocen cómo nos (des)gobiernan y la actualidad que (mal)vivimos a través de teleseries extranjeras que se descargan de la Red.

Los compañeros de oficio pusieron a Évole en la picota. Quisieron distanciarse de él y, para señalar de qué lado estaban, obviaron criticar a los periodistas de renombre que participaron de su juego. Le concedieron entrevistas falsas sobre unos sucesos de los que nos han seguido (des)informando. Lo dice la propia Pilar Urbano. Podría pensarse que Evolé nos presentó una parodia de la farsa que representan desde 1981. El no va más del fake: un engaño montado sobre otro engaño. Encima, con los mismos protagonistas. Por eso vapulearon al bufón, que para eso está: reírle las gracias y darle capones cuando se pasa. Y mantuvieron en los altares al telepredicador de la progresía, al escriba del Monarca, al Real Académico de la lengua bífida… Aún hay clases en la casta periodística. Así se demostró tras el siguiente Salvados.

Sin justificación alguna los medios absolvieron a Pedro J. de su conspiranoia tras la magnífica entrevista que le hizo Évole. Aún creía “poco probable” la autoría de ETA. A pesar de que los tribunales habían rechazado por enésima vez las pruebas inventadas y los testimonios pagados por sus subordinados. Los prebostes del periodismo callaron. Asumían que la credibilidad de un informador no deriva de su inquebrantable fidelidad a unos hechos, probados y contrastados. Es un acto de fe ciega: para aquellos que no quieren ni necesitan ver la realidad. Ni que se sepa. Por eso El Mundo transmitió en la jornada electoral de 2004 la “convicción moral” de M. Rajoy (“convencimiento” en A. Acebes, que es más flojo) de que ETA había atentado el 11M. La moral del actual Presidente y del antiguo Ministro de Interior tampoco es de este mundo. Pura inmundicia.

Tampoco nadie se rasgó las vestiduras, cuando escucharon y vieron a Pedro J. lavarse las manos. Todo un Poncio Pilatos del oficio. No asumió su responsabilidad por haber publicado un editorial en Diario 16. Defendía y alentaba el asesinato de estado para acabar con ETA. Una postura que, como insinuó Évole, revelaba que el escándalo de los GAL, con el que El Mundo se colgó tantas medallas, era el ariete que empujaron lo justo para desalojar a Felipe González. No acabó ahí el curso de mugre periodística. Pedro J. tampoco se hizo responsable de un titular que animalizaba a los nacionalistas catalanes en primera plana. Es un caso prístino de periodista que va de libre. Pero en realidad va por libre. Un irresponsable, que sólo se justifica ante sí mismo. Ejemplo patrio de la “Prensa libre e irresponsable” que critica Yohai Benkler. Él ni siquiera veló porque los medios que dirigía guardasen respeto a los derechos humanos y a la convivencia.

Puso la guinda cuando ante el insistente entrevistador, perro de presa sonriente, (¡menuda/o pieza se cobró!) aseguró que si era necesario cogía el teléfono para llamar a Montilla y a Carod-Rovira. Y disculparse así por haberles presentado con un enorme titular: “Triunfaron los animales”. No entiende el pseudoperiodista que debía haber agarrado el listín telefónico de toda España. Y no dejar de marcar números hasta pedirnos disculpas. A todos nosotros. ¿O es que fabrica noticias sólo para los políticos profesionales? ¿Para quitarlos y ponerlos? Será eso. Pero la inmundicia que se publica, cuando no se reconoce ni denuncia, envenena la democracia. Fue lo que ocurrió. Prometo que el jueves les muestro lo maltrecha que ha quedado.

7 de abril de 2014

Por si se os había pasado. Ahí va un combate en tres asaltos,  también contra la depre que me asaltó después del 10º 11M.

No debiera pasar marzo sin desmentir que el 10º “aniversario” del 11M superamos la teoría de la conspiración. A la décima fue la vencida. Ya les vale. Los conspiranoicos hablan de “normalización”, pero la anomalía continúa. Conservan el estatus de periodistas quienes urdieron la infotoxicación más aberrante que hayamos conocido. Bendecidos con los infundios de Rouco en el funeral del pasado 11 de marzo, siguen sosteniéndola. Menuda filfa serían este blog y el dichoso 4º Poder en Red, si no cantasen las verdades del barquero a quienes hunden el periodismo en la inmundicia.

Sé el recelo que puede despertar el repudio de unos pseudoperiodistas, que dan forma de noticia a la mentira (del griego, pseudo: mentira). Aclaro que los responsables de Público nada han tenido que ver con esta iniciativa. De ningún modo debe asumirse que la hayan promovido ni que la suscriban. Propongo declarar periodistas non gratos a quienes nos vendieron tales patrañas que debemos denunciarles como traficantes de información tóxica. Tan infecta que, como argumentaré en una segunda entrega, ha degradado el debate público hasta hacerlo impropio de una democracia. Los periodistas inmundos se denigran a sí mismos, a la profesión que dicen ejercer y a la sociedad a la que se dirigen.

Sus falacias sobre el atentado más letal perpetrado en Europa merecen la condena. No es un ataque, sino legítima (auto)defensa de los auténticos periodistas. Excepto por los que señalaré, declaro mi respeto hacia los trabajadores de las empresas aquí citadas. Sus condiciones laborales resultan lo bastante penosas como para encima imputarles los desmanes de sus superiores. Se han hecho multimillonarios precarizándoles y engañando al público. Pobres también quienes aún les creen. Son peones de un guerracivilismo de baja intensidad, que solo reconoce las víctimas de su bando. El derecho a la información presupone que el ejercicio del periodismo sea compatible con un modelo de vida y de negocio dignos. Ambas cosas son bien difíciles. Pero lo serán aún más si los ciudadanos y los periodistas con coraje no mostramos la dignidad con la que los afectados del 11M han resistido una década de mentiras e insultos.

El verdadero 4º Poder lo formamos todos y todas. Con la tecnología digital intentamos controlar gobiernos, parlamentos y juzgados. Pero solo tenemos impacto si nos aliamos con periodistas que se reconocen a nuestro servicio. Consideran la información como un bien común, mancomunado: generado mano a mano, con el público que somos su sostén e interlocutores. Por eso estamos obligados a defender al periodismo y señalar a quienes lo envilecen. Cuando los profesionales pervierten la libertad de expresión, nos la amputan a todos. Exijámosles que rindan cuentas y se retracten. Y, si no, retirémosles lo único con lo que cuentan: la gracia, el permiso de ejercer como representantes y valedores de nuestros derechos. No somos mercancía en manos de periodistas mercenarios, a sueldo de políticos y banqueros.

Un muy alto cargo de un grupo multimedia español me confesaba hace dos años que el mayor error había sido admitir como colegas a “demasiados indeseables”. Pues bien, se acabó el colegueo. Porque es competencia nuestra defender la libertad de expresión del único modo posible: ejerciéndola sin miedo ni bozal. Identificando a quienes la malean, máxime si (al contrario que nosotros) cobran por ello y cuentan con protección legal. Por tanto, denuncio a Pedro J. Ramírez; a su sucesor en la dirección de El Mundo, Casimiro García-Abadillo, y a sus conmilitones, Fernando Múgica y Federico Jiménez Losantos, como periodistas inmundos. Han transgredido la deontología y las prácticas profesionales más básicas. No lo han reconocido. E incluso se vanaglorian de ello. Merecen que les declaremos periodistas non gratos. Claro que hay más. Y, si así lo piensan, quienes nos leen deberían tomarse el trabajo de denunciarles. Nosotros ya lo hicimos hace una década, en un libro colectivo que barría la inmundicia venidera. Siguen ignorándolo, por la cuenta que les trae. Esto no es un auto de fe, como los que ellos acostumbran a oficiar. Han ejercido de inquisidores, exentos de mostrar las pruebas. Se han ahorcado con su propia lengua.

Pedro J., en declaraciones a Salvados afirmó: “No descarto de plano la participación de ETA en el 11-M, pero la veo improbable…  No sabemos lo que pasó”. A una semana del aniversario, el susodicho consideraba improbable (¿sin pruebas?) lo que durante diez años afirmó como cierto (sin pruebas). El pseudoperiodista siembra dudas, en lugar de despejarlas, que es lo que le corresponde a un informador. Éste habla con hechos contrastados e incontestables. Si no, calla. Pero esta conducta requiere humildad y más trabajo que alimentar suspicacias y lanzar insidias. Exige una mínima sensibilidad por la memoria de las 192 víctimas y 1.800 familias heridas. Rasgo imposible en quienes no han mostrado ni un atisbo de atención a la estabilidad psíquica y emocional de los afectados. Fruslerías, al fin y al cabo, para quien se considera inmortal y se instaló en el Olimpo de la Prensa Mundial hace años.

García-Abadillo, ya como sucesor del Pedro J, afirmó el 9 de marzo: “Dimos crédito a algunas informaciones faltas de rigor, que sólo tenían como fin confundirnos y llevarnos a un callejón sin salida [...] Las víctimas merecen que seamos menos arrogantes, reconocer que todos cometimos errores.” ¿También erró Pilar Manjón? ¿Por eso la convirtieron en pieza a abatir? El supuesto profesional imputa a “todos”, a un nosotros implícito que bien pudiera incluirnos, haber cometido errores. Cree que esto le exime de no habernos sacado de ellos. Y aprovecha para presentarse como víctima de “informaciones faltas de rigor”. Las mismas que él fabricó en dos libros - 11-M La vergüenza y Titadyn, este último de 2010 – plagados de pruebas falsas.

Las “investigaciones” de G. Abadillo sólo entorpecieron el juicio del 11-M, alentando que Jamal Zougam, condenado como autor material, se querellase por falso testimonio contra dos testigos protegidas. El actual director de El Mundo acusó a dos inmigrantes rumanas de mentir para conseguir la nacionalidad española. Los tribunales les avalaron. La misma suerte corrieron el jefe de los Tedax, J.J. Sánchez Manzano, y el comisario de Vallecas que encontró la prueba clave: se les abrieron sendas investigaciones que quedaron en nada. Manzano denunció la trama periodística del Titadyn en su libro Las bombas del 11-M. La policía nunca dudó de que el explosivo no correspondía con el usado por ETA. A falta de pruebas que avalasen la conspiración, minaron con insidias la credibilidad de las admitidas en el juicio. Corrompieron el protocolo más básico del periodismo de investigación: aportar pruebas irrefutables sobre nuevos imputados, entregándolas en el juzgado y publicándolas en el periódico. Sometiéndolas al tribunal de los jueces y al de los ciudadanos. Pero el periodismo inmundo menosprecia el Estado de Derecho y carece de sentido cívico.

A falta de evidencias, buenas fueron las declaraciones de otro de los principales condenados, convirtiéndole, para más inri, en bien pagado. Uno de los testigos privilegiados por El Mundo,  E. J. Trashorras, declaró antes del último 11M: “No, ETA no tuvo nada que ver. Lo que dije fueron tonterías. No tenía ningún fundamento para decir eso. Lo dije sin tener ningún argumento, más allá de querer confundir”. Estando en prisión, ya le había confesado a su padre que “mientras el periódico El Mundo pague, si yo estoy fuera, les cuento la Guerra Civil española”. Y acto seguido les concedió una entrevista en la que sostenía: “Soy una víctima de un golpe de Estado que se ha tratado de encubrir detrás de las responsabilidades de un grupo de musulmanes…”  El depositario y propagandista de esos infundios fue Fernando Múgica. Mantiene orgulloso en su entrada de la Wikipedia la referencia a la serie Los agujeros negros del 11M. Y su CV oculto lo componen obras de idéntico rigor. Colaboró con J.J. Benítez (“mi mejor amigo, periodista honesto”) en dos libros, Ovnis: SOS a la Humanidad (1979) y Existió otra humanidad (2003). Fraudes arqueológicos, montados a partir de piedras falsas, que mostraban a hombres y dinosaurios como contemporáneos, visitados por indios en naves espaciales. Las fotos de estas estafas fueron firmadas por Múgica.

Al “reportero” que agujereaba la realidad le acompañó F. J. Losantos en el terreno de la opinión. Al día siguiente de la falsa contrición de G.Abadillo, sostenía que “habrá más 11-M y más versiones oficiales y serán todas verdaderas”. Concluía con sarcasmo: “perdón por tanto error”. Pedro J. suscribió y superó su infamia desde Twitter: “Sólo 3 palabras que añadir a la estupenda columna de Federico: Eppur si muove. Perdón por los aciertos”. Los errores se habían convertido en aciertos. Reinciden y alardean, se cuelgan galones. Y claro que se siguen moviendo, manipulando los hilos de la antigua conspiración… Y de la próxima. Prepotentes, se saben impunes e inmunes en la ciénaga en la que chapotean. Me refiero al “fondo de reptiles” (subvenciones ocultas) del que se alimentan. Seguro que ya han recuperado los 15 millones en publicidad institucional que El Mundo perdió tras publicar las cuentas del PP. Pedro J. abandonó el barco que capitaneaba porque venía perdiendo 400 millones de euros al año. De Múgica no he buscado información, ojalá haya migrado a Raticulín. Y a Losantos no le falta de nada entre el diario y la radio digitales, que erigió durante el aznarato, y otros pesebres que frecuenta.

Campan a sus anchas, anchos ellos con sus falacias. Instalados en “lo improbable”, el error colectivo, la fabricación de pruebas falsas, el pago de falsos testimonios, las presiones a testigos y a jueces. Todo ello ha acabado resultando muy familiar en otros acontecimientos más recientes. Van de víctimas, sin reconocer ni respetar a quienes lo son. Sacan enormes réditos, entronizando a las que apadrinan e insultando a las ajenas. Se declaran valedores de la profesión y la han prostituido. En el mundo anglosajón, se conoce a estos mercenarios como presstitutes. Allí han entendido que –aunque esta sea una labor de golfos, descreídos y libertinos– hay cosas que no se pueden hacer solo por dinero. Sobre todo, una noticia. Sin un poquito de amor y ciertos límites, se considera una violación, aunque sea pagada.

El repudio de los periodistas inmundos no tendrá lugar en las redacciones que comandan, pues allí pagan salarios y deciden ascensos. No les denunciarán otros medios de forma tan tajante como aquí, por pensar que tirarían piedras contra su propio tejado. Y porque los pseudoperiodistas se aprovechan de la falta de coraje para mirar debajo de la alfombra antes de arrojar la primera. Quien desmiente necesita haber dicho o exigido la verdad. Casi nadie lo hizo en la profesión. En caso contrario, el 13 de marzo de 2004 la ciudadanía no habría denunciado la mentira que propagaba el Gobierno y avalaban el resto de partidos con su silencio. Las 72 horas previas a la votación pasarán a la historia como el colapso de un sistema político-informativo. Lo imperdonable es que se hayan ocupado de rematarlo en los últimos diez años.

Todos los medios convencionales convocaron el día 12 una manifestación de repulsa al atentado, diseñada como un acto electoral del Gobierno. No participaron en su organización los responsables de las fuerzas de seguridad. ¿Alguien se ha preguntado qué hubiera ocurrido si los terroristas que se inmolaron en Leganés hubieran querido rematar la carnicería de los trenes, atentando en las calles repletas de gente? No, porque la pancarta de la cabecera rezaba: “Con las víctimas, con la Constitución y por la derrota del terrorismo”. Entonces vivíamos la entronización de las buenas víctimas (las de ETA), el fundamentalismo del Régimen de la Transición y la beligerancia antiterrorista (contra ETA). No es de extrañar que los medios digitales, que no estaban activos en 2004, fuesen los más críticos con los conspiranoicos en el último 11M.

También callaron las Asociaciones de la Prensa. Demostrando que son el último ejemplo de sindicatos verticales: representan juntos a los empresarios y a sus trabajadores. Es decir, representan a los primeros. Los colegios y sindicatos profesionales mostraron idéntica pasividad. Quizás por falta de musculatura, propia del rigor mortis, al que parece abocado el sector. Los responsables de las Facultades de Periodismo que expidieron los títulos de los inmundos periodistas tampoco abrieron la boca. No movieron un solo dedo acusador que pudiese depreciar (aún más) el valor de sus titulaciones.

Podría sugerir a quien nos lee que inundase con una declaración de repudio a los susodichos los correos electrónicos de las organizaciones antes mencionadas. Pero lo dejo en sus manos, que para algo las tienen. Mi llamada se limita a quienes estudian Ciencias de la Comunicación y/o Información. No quedan otros actores directamente implicados. Al menos ellos debieran dejar claro que no consideran a los cuatro citados un ejemplo profesional ni compañeros de viaje. Seguir su trayectoria o permitir que les identifiquen con ellos les llevará al desastre. Consideran, como señalaba uno de sus pensadores de cabecera, G. Albiac, que el periodismo se vincula a “una toma de poder [que] sólo puede funcionar y consumarse en la noche y en las sombras, entre bruma y tinieblas.” El oscurantismo es su sello. Y los ciudadanos ya no demandamos sino que ejercemos mecanismos de participación y transparencia que acabarán siendo incorporados por la profesión. La luz es el mejor desinfectante y los taquígrafos del presente, los mejores periodistas.

Si al alumnado aún le faltan argumentos para declarar personas non gratas en sus campus a los periodistas, esperen al próximo lunes e intentaré dárselos. Será una forma de rematar este marzo infame. ¿O quieren más como este? ¿Hasta cuándo?

6 de abril de 2014

Galiza Ano Cero me hizo una entrevista  el pasado mes de septiembre . Ya hablamos aquí de esta iniciativa. Que su recorrido sea tan largo como se merecen.
Podéis acceder a ciertas partes


 O a todo el rollo en toda su extensión (mejor que los documentales de animales para sestear).


3 de abril de 2014

Antes del post anterior, Doris Palacín, me había hecho esta entrevista para Diagonal en Digital. Ahí sí que hubo alguien que me escuchó. Tiene mérito la paciencia. Parece una entrevista de JotDown pasado por Gamonal. La foto es de Olmo Calvo.

Víctor Sampedro me recibe en su casa. Me dedica una hora del tiempo que estaba destinando a la escritura de ‘El Cuarto Poder en Red’, su próximo libro. Muy amablemente me ofrece un café y me pregunta si puede fumar. Nos liamos un cigarrillo los dos y empezamos a charlar. "Tú me vas guiando, porque sino me iré por los cerros de Úbeda", me advierte con su tono de voz sosegado.
Nos reunimos porque me interesa conocer su análisis del papel de los medios de comunicación en el conflicto de Gamonal pero, efectivamente, surgen muchas otras cosas.

Pues… si me quieres contar cómo has seguido los acontecimientos de Gamonal… ¿cómo te has informado de lo que ocurría?
Fundamentalmente a través de la prensa digital de izquierdas de carácter estatal. Y luego, a través de nodo50, entraba a Diario de Vurgos y a partir de ahí me dejaba llevar por los links, sin preocuparme muy mucho de dónde me llevaban. Pero siempre buscando información generada desde abajo y que no estuviera sesgada por cuestiones empresariales vinculadas a un proceso de desarrollo urbanístico, que es fraudulento en este país.
Si la gente actuase como quisiera que lo hicieran los medios convencionales, no habría sociedad civil como motor de cambio social.
Qué curioso…
Sí, de hecho todo comenzó con un tipo que sigo, porque yo no me había enterado de lo que ocurría en Burgos. Vamos, sabía que algo había pasado… Fue la crónica de Antonio Orejudo en el diario.es. Él decía que la gente estaba empezando a protestar en la calle y a manifestar una indignación sin cortapisas, de una manera clara, abierta. Y que él era un burgués, como lo soy yo, un padre de familia, como soy yo, que no quería ver su casa quemada, ni los contenedores en frente de su domicilio, pero que sabía perfectamente, como es un hecho constatado en la historia de la humanidad, que los cambios importantes y sustanciales no se producen sin un nivel de tensión, de conflicto, incluso de violencia considerables. Entonces dije, ¡coño! Aquí hay algo. Luego ya, por las novedades de nodo50, del que soy suscriptor desde hace 15 años, tiré para adelante y me deje seguir por la contrainformación digital.
Entonces, quizás, si no has seguido la información por los medios de comunicación tradicionales no puedas hacer una comparativa.
No lo he seguido con la misma intensidad, porque desde ya hace bastante tiempo analizo los medios de comunicación convencionales y sé cual es su presupuesto. Su presupuesto es que convocar a la gente a las calles vacía de significado la democracia. Con lo cual están haciendo dejación de lo que es su función fundamental, que es construir espacio público, esté o no determinado institucionalmente. Y, además, negar que la democracia o es de calle o es de ágora o no es democracia. Entonces, como eso lo tengo muy claro, después de haber estado analizando los medios de comunicación durante tres décadas, porque mi tesis iba sobre la insumisión y luego me he ocupado de casi todos los movimientos sociales y su impacto en los medios convencionales, ha llegado un momento en que el marco discursivo de los medios convencionales ya me lo sé. Y no me espero otra cosa.
Creo que, además, no es algo solo mío, sino que mucha gente que conoce lo que está pasando de primera mano acude ya a determinados medios de comunicación que difunden información de primera mano, elaborada por los mismos actores que la protagonizan.
En el caso concreto de Gamonal, ¿qué interpretación han hecho de los hechos, de la quema de contenedores los medios convencionales y la contrainformación digital? Esto es, ¿las personas de verdad tenemos capacidad de contradecir lo que dicen los medios convencionales?
Yo creo que la gente lleva contradiciendo los medios convencionales toda la vida. Si la gente actuase como quisiera que lo hicieran los medios convencionales, no habría sociedad civil como motor de cambio social. La prensa convencional lo que hace es desactivar las energías ciudadanas y canalizarlas, única y exclusivamente, hacia catálogos de compra comerciales, socialistas, electorales.
¿Por qué? Pues porque viven de las carteras de publicidad de las grandes industrias y de los favores políticos que les permiten expandirse en el universo multimedia, que es cuando hacen grandes negocios. Entonces, el carácter desmovilizador de la cultura de masas convencional tiene como principal función crear ciudadanos consumidores. De catálogos, insisto, de compras o de siglas electorales.
¿Y esta capacidad de contradecir, se ha visto acrecentada con la expansión de internet y redes sociales?
Yo creo que aquí hay varias cuestiones. Y en el tema de la violencia hay una muy importante. Desde hace tres años este país vive un ciclo de contestación que responde a un consenso de base, que es totalmente contrario al consenso de la transición. El consenso de la transición se basaba en la desmovilización ciudadana. Y en los pactos entre élites. Y en un grado de secretismo y de negocios pactados a espaldas del pueblo y casi siempre forjados gracias al silencio, la censura y la represión de la parte más débil.
Hay dos factores: primero está la desaparición de ETA. Muerta ETA empezó la rabia social. Ésa es una frase que llevo repitiendo desde hace mucho tiempo. ETA era un tapón en sí misma, para un proceso de emancipación de Euskal Herria, pero también era un tapón para el resto de movimientos sociales, a los cuales se les aplicaba, sí o sí, una legislación y unos discursos antiterroristas, criminalizadores de partida.
¿Ahora qué hay? Hay desde hace tres años un movimiento en red, manifiestamente no violento, asentado en un consenso social, que en lugar de desmovilización lo que pide es transparencia y participación, que tiene el apoyo y la simpatía de tres cuartas partes de la población española. Estos son datos de encuestas a lo largo de los tres años del 15M que no tienen parangón en ningún otro país del mundo, en ningún otro movimiento Occupy y que hablan de lo que es una nueva sociedad civil que ya no se conforma con una segunda transición, sino con una regeneración profunda del régimen de la transición.
Yo creo que eso está claro y es patente. No hay, además, especiales diferencias: ni generacionales, ni de género, ni de hábitat, ni ocupacionales, ni de nivel educativo. Es un movimiento trasversal que, insisto, no tiene parangón en ningún otro país del mundo.
Esa combinación: (Uno) ya no existe una banda terrorista y dos, la movilización se define como no violenta, abre muchísimo el abanico de posturas a ser defendidas. Y los medios convencionales, pues, los que todavía siguen siendo soporte del régimen de la transición, siguen estigmatizando cualquier tipo de movilización, no ya violenta, sino simplemente no coordinada o no alentada por las élites. Y han surgido otros medios que siendo, no de contrainformación, pero sí al actuar en la esfera pública digital se han visto obligados a hacerse eco de una audiencia que ya tiene capacidad para responder, a través de los comentarios; de contradecir, a través de publicaciones propias o blogs; e incluso de alcanzar tanto o más notoriedad que ellos incluso en la esfera pública extranjera.
Además, la crisis política se manifiesta también en las industrias de comunicación convencionales. Con lo cual, se ven obligadas a abrir un poco más el espectro de la cobertura o, por lo menos, ser sensibles a algo que antes del 15M era impensable. Por ejemplo, la crítica a la actuación de las fuerzas policiales. O las acusaciones de infiltración. O las provocaciones por parte de las autoridades. ¿Por qué? Porque todo periodista y todo medio de comunicación, si no goza de un mínimo de credibilidad y empatía con su audiencia, pura y simplemente, la pierden.
Entonces, las redes sociales, ¿revitalizan la labor periodística, la complementan, la sustituyen?
Las redes sociales son el alimento y serán el alimento del periodista del siglo XXI. El periodismo está llamado a ser, en este tiempo de crisis y de transformación profunda, lo que siempre fue: una plataforma colaborativa de un flujo de información mancomunada al servicio de unos intereses y comunidades determinadas. Esto fue siempre el periodismo: un oficio que daba voz a determinados actores sociales que precisaban de presencia y visibilidad pública para hacerse oír y presionar.
Y lo ha hecho haciendo de contrapoder, de periodismo de investigación… El periodismo de investigación contemporáneo nace en la crisis de los años 30 y se reinventa ahora con las filtraciones y con toda la actividad de los nuevos nativos digitales que producen y generan datos y flujos de información crítica contrastada. Documentos que son dados a conocer para provocar cambios políticos y no sólo eso, sino para desarrollar información de código libre. Que esto es muy importante.
Los medios convencionales siguen considerando la información (como) un bien privado. Lo cual es una aberración en términos democráticos. Si por ellos fuera, se destruirían las noticias después de consumirlas cada uno de los lectores. Porque creen que el único retorno que tienen que obtener es un retorno económico y, además, inmediato. Pero ahora con lo digital es imposible. Porque en el mundo digital, compartir es copiar, y punto.
El conflicto de Gamonal ha servido para poner otra vez en evidencia la concentración de medios de comunicación que se da en Castilla y León en las manos de Méndez Pozo. Que, qué casualidad, es la persona que lleva dirigiendo la política urbanística de la ciudad durante décadas. En este sentido, ¿dependemos en los movimientos sociales de los medios de comunicación convencionales para poner un tema en la agenda? O ¿podemos mermar la influencia de estos conglomerados que responden a intereses privados?
El pacto de élites políticas y económicas que se produce en la transición son, en su mayoría, pactos hechos de espaldas a la opinión pública y presentados casi como la única solución posible. Tanto el PSOE como el PP se han presentado ante el electorado español siempre con el dilema de ‘O nosotros o el caos’. Ya nadie compra ese discurso. Porque la misma sociedad es capaz de reconocer su autonomía y su capacidad de auto organizarse y de definir de modo autónomo su devenir colectivo. Y de construirlo.
¿En qué medida la prensa local está ligada a esos pactos y a esa connivencia que han degenerado, sí o sí, en corrupciones de las políticas públicas y de la información que les sirven más de propaganda que de información ciudadana? Pues era algo muy obvio desde hace mucho tiempo. Cualquier estudio de propiedad de los medios, vincula a las cajas de ahorros en manos de esas redes políticas y clientelares empresariales y a la industria del ladrillo, la propiedad de los medios en cada una de las principales capitales de provincia españolas.
Si, pero desde la ciudadanía ¿cómo podemos combatir esa corrupción?
Yo creo que el combate más importante ha sido la deserción. La gente ha dejado de comprar estos periódicos. No han renovado audiencias. No han fidelizado a los nuevos lectores. Eso, que ha sido callado, que ha sido silencioso, ha sido un golpe brutal para ellos. Y ha hecho más evidente que dependen fundamentalmente de los apoyos y de las carteras de publicidad y las campañas oficiales. Yo creo que eso ha sido fundamental y creo que no le damos suficiente importancia, porque no nos ponemos nunca del lugar de los empresarios. Pero los empresarios saben que, actualmente, tienen periódicos sin lectores y están todos en números rojos.
No sabemos cómo medir todo lo que está ocurriendo, porque no responde a las dinámicas de un movimiento social con una agenda preestablecida, a una organización de coordinación centralizada, a unos recursos puestos en común de manera estructurada y estratégica a medio y a largo plazo…Sino que es la suma de un montón de tácticas de movimientos más a corto plazo, de autodefensa, de reinvindicación
Una segunda ha sido la constitución de plataformas de expresión propia. Y esto viene desde muy lejos. En este país, ya que los límites del consenso eran tan férreos, internet se desarrolla como una esfera pública paralela, como un ámbito de debate paralelo, donde se van fraguando y se van consolidando, bien es cierto que como una diáspora y de manera muy fragmentada, muchos proyectos comunicativos. Y esto ha dado mucha fuerza a los grupos que los promovían, que han encontrado en ellos referentes identitarios, han sabido identificar a través de ellos los objetivos y los enemigos contra los que luchar. Y han sabido coordinar sus acciones, sentirse capaces de introducir cambios en las marchas políticas.
Esto, que alcanza su máxima expresión en el 15M, donde confluyen muchísimas ágoras digitales que, poco a poco y en estos tres años, han ido ganando fuerza y han ido interrelacionarse y convirtiéndose en un verdadero ‘Cuarto Estado en Red’, que es de lo que estoy escribiendo ahora, pues, ha hecho una mella enorme en la esfera pública española del régimen de la transición.
Un caso como el de Pablo Iglesias jamás sería pensable hace tres años. Alguien que fragua su capital simbólico, su prestigio e imagen pública en un medio comunitario acosado por las instituciones madrileñas, como es TeleVallecas, que trabaja ahí durante varios años y que de ahí salta al tdt party, al canal digital más de ultraderecha y, una vez que está ahí, es requerido por las cadenas generalistas de ámbito estatal más consolidadas. Toda esta experiencia de La Tuerka sería impensable si no hubiera contando, además, con el apoyo de el diario Público, últimamente, que le da una persistencia en la esfera pública, pero también y previamente con las redes sociales.
Entonces, las redes sociales se constituyen como esa conversación permanente de la sociedad civil consigo misma de la cual, de una manera u otra, el periodista se tiene que nutrir, porque está expresando los temas y las opiniones de los segmentos más activos y más implicados políticamente en la marcha del país.
¿Cómo se explica entonces, la convivencia en el tiempo de cuatro hasthtags [etiquetas] de apoyo a Gamonal siendo 'trending topic' nacional con declaraciones como la de Ana Botella condenando ‘los atentados de Burgos’? ¿Qué está pasando?
Está pasando un cisma total y absoluto. Una situación de incomunicación total entre el lenguaje que hablan las élites políticas y el que habla la ciudadanía. ¡Y no ya los sectores más movilizados de la ciudadanía! Y está pasando, también, que la ciudadanía, sabedora de que es incapaz de cambiar el marco grande político. Quiero decir… la gente desconfía de su fuerza para cambiar la política del euro, el sistema impositivo o la ley electoral. Pero sí tiene la suficiente rabia acumulada y los suficientes mimbres comunicativos como para autoconvocarse y resistir y defender lo que queda de público, de bien común, en su territorio más cercano.
Y, a falta de otros objetivos y de otras plataformas que les permitan alcanzar transformaciones más amplias, por lo menos defiende lo poco que le queda. Yo creo que esto está calando de una manera muy clara. El cisma y la discordancia de los medios convencionales se explica pura y simplemente por sus dependencias del poder político y económico. Son industrias deficitarias que dependen de subvenciones y apoyos clientelares que llegan, incluso a decapitar al director del segundo medio más importante [En referencia a Pedro J. Ramírez]. Así de sencillo.
También por la ignorancia y la obsolescencia de sus prácticas profesionales. Quienes están mandando en las televisiones y los periódicos apenas saben hacer nada con el ordenador, desconocen las dinámicas de las redes sociales, lo que es construir un blog, etc. Lo desconocen no por su incapacidad en la cultura digital, sino por valores. No han asumido todavía que su única función, y más importante, es ponerse al servicio de las comunidades a las que van a servir y que les van a brindar la credibilidad. Y que esta credibilidad, este intangible, que no es monetarizable, ni inmediata, ni claramente, importa mucho más que la cotización en bolsa de sus empresas.
Claro, no están escuchando. Ellos han perdido el monopolio de hacer política.
Exacto.
Pero bueno, se supone que se sale a la calle para conseguir cambios que pasan por ellos. Pero, ¿vale la pena escuchar su respuesta?
Yo creo que hay que dejarles solos. Creo que es importante aparecer en ellos. Porque si no hubiera habido cobertura, aunque fuera sesgada, criminalizadora y desmovilizadora de la trama política que había detrás del asunto (del Bulevar de Gamonal) en la calle Génova no habrían presionado como presionaron al PP de Burgos. Así de sencillo. ¿Por qué? Porque las élites se leen y se ven reflejadas únicamente en los medios que controlan. Por lo tanto, hay que confiar en que, por muy convencional que sea un periodismo o una empresa, tendrá el sentido común de reflejar, aunque sea mínimamente, las razones del descontento social.
Es lo único que les diferencia del ser prensa de partido. Y saben que si actúan al 100% como prensa de partido su crisis económica entra en la debacle.
Desde la política institucional no está escuchando el clamor de la redes sociales, ese diálogo de la sociedad civil constante. No se si estarás de acuerdo con que la comunicación emocional es la base del poder y que eso es mucho más poderoso que cualquier diatriba ideológica.
Sí. Es obvio que a nadie le convences con un lenguaje endogámico, ideologizado, que sólo entiendes tú y tus camaradas de lucha. Es obvio que con eso puedes reforzar tu identidad, pero difícilmente la puedes hacer más inclusiva y abarcar otros sectores periféricos u opuestos.
Es cierto que las revoluciones y los cambios drásticos tienen mucha más carga emocional que racional y argumentativa. Esto no habla en menoscabo de los sentimientos y de las emociones. Al contrario. Creo que lo que se está evidenciando en este país es que existe un sentimiento de rabia contenida que sólo se puede expresar y manifestar y sentirse eficaz en luchas locales.
Precisamente porque les faltan las plataformas políticas y las plataformas mediáticas que impulsarían a estos sectores como actores políticos de pleno derecho.
Yo creo sinceramente que el cisma está planteado desde hace tres años. Que la transformación es mucho más profunda de lo que somos capaces de reconocer, porque estamos inmersos en ella. Porque además, empleamos parámetros de evaluación del éxito de las movilizaciones que son erróneos. No sabemos cómo medir todo lo que está ocurriendo, porque no responde a las dinámicas de un movimiento social con una agenda preestablecida, a una organización de coordinación centralizada, a unos recursos puestos en común de manera estructurada y estratégica a medio y a largo plazo… Sino que es la suma de un montón de tácticas de movimientos más a corto plazo, de autodefensa, de reinvindicación. Y también, poco a poco, lo que se fragua es una red. Una red que está asumiendo lo que el periodismo en el siglo XX decía que era, aquel poder que controlaba a los otros tres, sin querer ejercerlo.
Entonces, ¿cuál es la clave del éxito? En el caso de Gamonal, cuando el Ayuntamiento decide paralizar el proyecto, se entiende que eso es exitoso. Entonces, ¿cuando no se da una respuesta institucional buscada, no es exitoso?
No. El éxito se puede medir en dos cosas: primero, en los logros de la movilización externos a ella, es decir, su impacto institucional o su impacto en la visibilidad de la esfera pública tradicional; o bien en términos de constitución de sujetos políticos individuales y colectivos.
De hecho las dos visiones sobre 15M más claras son estas dos. Por una parte, aquella que le achaca no ser capaz de producir propuestas políticas alternativas, y mecanismos institucionales diferentes a los existentes. Y aquellos que enfatizan que se está construyendo una nueva forma de hacer ciudadanía.
Yo no creo en la oposición entre estos dos objetivos. Creo, además, que la persistencia de los logros políticos en Gamonal y de su impacto institucional dependerá de la fuerza que haya logrado el colectivo promotor y los agentes involucrados en ello para constituirse como actores políticos con permanencia, con constancia y con un proyecto común.
¿Ese es el verdadero éxito?
Yo creo que sí. Y que, tarde o temprano, eso se transforma en otros muchos Gamonales. No sólo en Burgos, sino en todo el Estado. Y no sólo en el Estado sino en lo que queremos y en lo que estamos fraguando desde ya bastante hace tiempo, que son las revoluciones en red, que en el fondo se corresponden y se identifican mucho con lo que se hizo en los 60 y lo que se hizo en los 30. Con nuevos medios de comunicación y nuevos profesionales y nuevos actores sociales que buscan en el periodismo esa plataforma de visibilidad pública y de impacto institucional.
O sea que ¿crees que Gamonal puede inspirar la constitución de otros movimientos?
Yo creo que lo ha inspirado. Que Gamonal es la consecuencia de lo que te contaba antes, de movimientos en la esfera institucional que afectan a un régimen que se degrada, que manifiesta de manera cada vez más patente esa corrupción y ese final anunciado, esa extenuación de soluciones por parte de esa esfera institucional. Y, por otra parte, de la constitución de toda una masa ciudadana que se siente excluida de manera injusta, o no justificada, de lo que es la participación en la toma de decisiones.
Gamonal ha tenido una cobertura mediática impresionante. Los medios de comunicación convencionales son desmovilizadores y, en cambio, 46 ciudades convocan manifestaciones en solidaridad con Gamonal ¿Por qué se da eso?
Porque hay un nivel de conectividad muy alto. Primero: esa situación que te hablaba de consenso crítico, y que es muy mayoritario, se fundamenta también en un grado de conectividad muy alto. La gente, al no encontrar en los medios convencionales o en los discursos institucionales elementos de referencia, las ha creado por si mismos. Y ha creado flujos de información, aprendizaje y modos de aprendizaje colectivo, que todavía tenemos que aprender a distinguir. En el 15M es algo muy patente. Y además son modos de organización, que en estos tres últimos años han dado pasos muy sustanciales.
Creo que es mucho más rentable establecer alianzas puntuales con los periodistas machacados, represaliados, en listas negras para que suelten información de sus propias empresas
Primero, el colapsar el régimen electoral. Las campañas electorales en España ya no son, ya no van a ser, después del 15M, una sucesión de mítines institucionales sin contestación en la calle. Es más, ha habido la suspensión de dos jornadas de reflexión electoral en las últimas convocatorias. Esto es algo completamente desconocido en los países de nuestro entorno y que habla del desbordamiento de la sociedad civil de los canales de debate y de elección de representantes políticos.
Eso fue lo que ocurrió con en el primer 15M. En su segundo año, el 15M va a llenar con las mareas la ausencia de protagonismo y de trabajo sindical en defensa de los derechos sociales y de las prestaciones. Y, en este tercer año y en estas europeas, ha alcanzado ya plasmación política. Hay al menos tres candidaturas que se arrogan el estar muy en sintonía con el 15M y lo hacen, contando además, con ese cuerpo social movilizado. Con lo cual, es difícil asistir a un proceso más rápido y más consecuente de aquello que se le pidió al 15M y a la ciudadanía española. Si tenéis otras propuestas u otros modos de hacer las cosas, hacedlas. Ahí están.
Creo que la principal miopía es pensar que existen las revoluciones y los cambios sociales y los procesos de transformación rápidos. Igual que existen las dietas rápidas o los cursos de idiomas rápidos. No se cambia de amo ni se aprende a no ser siervo en dos días, de igual manera que no se aprende inglés o no se bajan los kilos en dietas rápidas.
Has hablado de las mareas. Hoy las jornadas de auditoría en las que he estado se hablaba de la necesidad de crear una Marea de los Medios de Comunicación, para hacer auditorías sobre los medios de comunicación públicos en los que se han dado procesos de absoluto despilfarro. ¿Hace falta esa marea de comunicación o esa marea puede ser una de vamos a tomar los medios, vamos a ser los medios, vamos a hacer periodismo ciudadano?
Primero, creo que constituir una mera de periodistas es una quimera, en el sentido de que es el cuerpo profesional más precarizado y más encasillado en las estructuras de representación del Antiguo Régimen. Las asociaciones de la prensa son el único órgano corporativo de los periodistas y reproducen el esquema del sindicato vertical. Ahí está desde Cebrián y los grandes varones de la comunicación hasta el jefe de máquinas, representados en el mismo órgano.
Los sindicatos de periodistas, por la cuenta que les ha tenido a las empresas públicas y también por la falta de cultura política, que es consecuencia de las purgas sucesivas de periodistas críticos a lo largo de la Transición, pues, pura y simplemente, son irrelevantes o tienen muy poza fuerza. Su nivel de sindicalización es bajísimo. Estamos hablando de un colectivo, insisto, muy precarizado, muy fragmentado, al que se le ha imbuido de una mentalidad corporativa… Tienen que ser los principales propagandistas de sus empresas, algo que es una aberración en lo que es el código deontológico de cualquier periodista o en la biografía de cualquier periodista de referencia, que han creado sus propios medios, que han estirado hasta lo máximo las posibilidades de expresión dentro de los medios en los que trabajaban o han saltado a otros… Que visto forzados a cambiar a otras temáticas porque las únicas fuentes que les podían hablar les vetaban el acceso a la información, etc… Entonces, una marea de periodistas yo la veo completamente inviable.
Pienso que es mucho más lógico desarrollar dos estrategias. Una la que apuntabas tú. Quizás no tengamos ni fuerza ni legitimidad para fiscalizar los medios privados, en el sentido de que son empresas privadas. A no ser que hayan incurrido en fraudes o desfalcos al erario público, difícilmente tenemos posibilidad de entrar ahí.
Creo que es mucho más rentable establecer alianzas puntuales con los periodistas machacados, represaliados, en listas negras para que suelten información de sus propias empresas. Eso sí. Y creo que muchos lo han hecho. Y que ahí hay una tarea de los movimientos sociales para acoger, por lo menos, las voces de protesta de unos periodistas que antes malvivían de su vasallaje al amo político o a la cartera de publicidad, pero que ahora no tienen para comer y que, por lo tanto, se han desprendido de sus mordazas y sus bozales.
Creo, también, que tenemos que empezar a considerar la comunicación como un bien común. Y esto quiere decir que la tenemos que costear. Que tenemos que apreciarla como el alimento de nuestra actividad y de nuestra condición ciudadana. Y que, si nosotros no lo hacemos, nadie lo va a hacer por nosotros. Y que, por lo tanto, lo que hay que hacer es crowdfounding y microdonaciones y constituir medios con todo el montón de profesionales que están quedando en la calle y que, desde luego, tienen destrezas y valores más que rescatables.
Un tercer paso sería abandonar la endogamia y abandonar esta cultura de la autoescucha y de los discursos ya hechos para uno mismo y atreverse a elaborar agendas y marcos de interpretación de la realidad que fuesen compartidos por estas distintas organizaciones comunicativas. Porque es cierto que en materia política y en materia de esfera pública la unión hace la fuerza.
Muy bien, no sé si quieres añadir algo…
Yo creo que lo que preocupa fundamentalmente… En lo que se ha hecho énfasis en el caso de Gamonal es precisamente, una vez más, lo anecdótico. Lo que no se ha leído o dicho con toda claridad es que, quizás por primera vez, se ha desmantelado la conexión tóxica que existe entre las élites políticas y las élites mediáticas locales.
Y que si el ejemplo cundiese, las elecciones locales y autonómicas de dentro de un año, serían muy diferentes.
Y que sí, la auditoria de las conexiones del dinero público de las administraciones públicas que son desviados de manera sistemática y, además, injusta. Es decir, sesgado y no acorde con las tiradas, ni con ningún criterio objetivo, sino simplemente a clientes mediáticos, sería un punto importante de crítica. Y que invalidaría muchos de los mensajes que se van a intentar difundir hasta entonces.
Y otra lección es que, por mucho que se criminalice la violencia, la gente ha aprendido en carne propia que la violencia estructural es mil veces más nociva que la quema de un contenedor.

1 de abril de 2014

Transcribo un mail intercambiado con Marta G.Franco. Una entrevista digital, que luego apareció en Diagonal. Lo poco que pude introducir allí, me llevó a plantearme hacer una batallita sobre el "periodismo inmundo", que rematará este jueves.
La foto es de Dani Gago, del art. en Diago.



- Sostienes que las movilizaciones de aquellos días las protagonizaron la izquierda social, y no el PSOE, ¿en qué evidencias te basas para afirmarlo?
 
Rubalcaba no cuestionó la tesis gubernamental de la autoría etarra hasta que se produjeron las concentraciones frente a las sedes del PP. Sus palabras tampoco eran de aliento a las multitudes, sino de ataque al Gobierno del PP y de promesa electoral de "contar toda la verdad". El PP argumentó la presencia de cargos del PSOE en dichas concentraciones, pero también la hubo de otras fuerzas políticas y sindicales. La inmensa mayoría de los desobedientes civiles, sin embargo, provenía la ciudadanía que se había venido movilizando desde la LOU, el Prestige y el No a la Gerra. El capítulo 4 de nuestro libro recoge un grupo de discusión de activistas del tejido social madrileño que detallan toda la secuencia de la convocatoria ante la calle Génova. Revelan sus redes de confianza, fraguadas en movilizaciones previas con TIC, frente a un ambiente político-mediático del que cada día recelaban más. Revelan cómo sopesaron la legitimidad de la convocatoria ante las sedes del PP y su conveniencia. Esa es la evidencia, que aportamos hace 10 años y no ha sido desmentida por nadie.

Mantenemos anónimos los nombres, como exige la metodología, pero algunas de esas voces ahora forman parte fundamental del debate político y de los movimientos sociales en este país. Frente a ellos, el PSOE (antes y después de las elecciones) cumplió con la máxima de la Transición: no juzgar a la derecha gobernante. Se aseguraron así silencios recíprocos, que ambos entendían beneficioso en términos electorales. Lo cuenta el jefe de los Tedax en su libro de hace unas semanas: Aznar le dijo que se guardase las pruebas de los explosivos que descartaban a ETA desde el primer momento y Zapatero también. A uno le interesaba la confusión sobre ETA, y al otro "la crispación" por la deriva extremista del PP.

De todos modos, imaginar que el PSOE pudiera haber convocado a una estrategia del desobediencia civil en la jornada de reflexión es un despropósito. Ignora cómo funciona su aparato (basado, precisamente, en la desmovilización de simpatizantes y militantes críticos) y la consecuente insignificancia de sus recursos para movilizar a nadie... Tanto el PSOE como IU apoyaron sin fisuras la convocatoria oficial de la manifestación del 12, con la Corona a la cabeza. La convocatoria de las concentraciones desobedientes para el día 13 ante las sedes del PP, sale precisamente de esa constatación. Los activistas que reunimos afirman que constataron que nadie en el arco parlamentario estaba asegurando la única garantía de validez democrática de unas elecciones: que alguien denunciase la mentira oficial en público, antes de votar. El PSOE lo hizo una vez que la ciudadanía desobedeció la ley y con la boca pequeña. Abriéndola cuando ya no quedaba más remedio y volviéndola a cerrar inmediatamente una vez que cosechó los votos necesarios para gobernar.



- Ciertas interpretaciones aseguran que fue el grupo Prisa quien manejó los tiempos con la publicación de informaciones que desvinculaban a ETA. ¿En qué medida fue esto lo que marcó las movilizaciones? ¿Qué papel jugaron los medios de contrainformación?
 
Que un programa de fútbol de la SER diese la noticia de las concentraciones del día 13 no quiere decir que la convocase. Precisamente todo lo contrario: daba cuenta de que ya se estaban produciendo sin que ellos lo hubiesen anunciado previamente. Y sí, algunos locutores a título personal animaban a la audiencia a acudir. Insisto, nada comparado con la convocatoria unánime de la manifestación oficial del día 12, anunciada por Prisa y el resto de los medios convencionales, a sabiendas de que era una tapadera con los eslóganes de campaña del PP. Y un riesgo indudable para los más de diez millones de manifestantes que salieron a la calles a repudiar un asesinato en masa que bien podría haberse repetido.

El mismo oficialismo a ultranza puede argumentarse sobre la otra imputación a la SER. Se dice que cuestionó la autoría etarra desde la misma mañana del 11, alegando el hallazgo de un terrorista suicida. Fue algo que nunca se corroboró, la propia emisora lo desmintió inmediatamente... Y, una vez más, Prisa y Ser dieron altavoz a los cargos del PP que sin una sola prueba argumentaban la autoría etarra o, al final, la necesidad de mantenerla como posibilidad... Incluso en la madrugada de la jornada electoral y con un video reivindicando la autoría yihadista.

La SER hizo de emisora díscola en el seno de Prisa, pero siempre con la mordaza institucional de no desmentir de plano la versión oficial. Ellos, en todo el grupo multimedia, nunca publicaron cubriendo toda la primera página: "11M: Fue Al Qaeda". El único que lo hizo fue 20Minutos, y encima en un festivo que no tenía que salir, el mismo 14 de marzo. El País, en cambio, había titulado el 11M: "Masacre de ETA en Madrid", a instancias de una llamada de Aznar. Semejante acto de sumisión y servilismo no fue explicado hasta dos semanas más tarde y revelaba fehacientemente el oficialismo y la falta de profesionalidad de El País y, por extensión del Prisa. Argumentaba Ceberio, el exdirector, que quién iba a desconfiar de la mentira de un presidente de Gobierno en un hecho de esa trascendencia y dimensiones... Pues, eso cualquiera que pretenda ser reconocido como periodista.

Los medios de contrainformación también aparecen analizados en nuestro libro. El capítulo 7 analiza la contra-información de Nodo50, Indymedia en Barcelona y en Madrid, y La Haine. Su papel fue muy diferente, a la hora de recoger el debate del tejido social. Todos transitaron del desconcierto sobre la autoría de la masacre hasta la movilización. Jugaron un papel muy diferente cada uno de ellos. Variaron en los argumentos esgrimidos, las pruebas aportadas, la conexión de estos debates con las asambleas presenciales que tuvieron lugar en Madrid y la consolidación de la estrategia de desobediencia civil. La contrainformación fue clave para que hubiese réplicas del 13M por toda la geografía española. Sin ellos tampoco se habrían formado los grupos iniciales de desobedientes que aportaron experiencia previa y redes propias.



- Resulta evidente establecer algunos paralelismos entre esas jornadas y las que sucedieron entre el 16 y el 22 de mayo de 2011, en cuanto a que la ciudadanía utilizó las redes para desmentir discursos oficiales y convocar acciones de desobediencia civil masiva. ¿Qué diferencias encuentras? ¿Cómo ha evolucionado "la multitud inteligente" en estos años?
 
El 13M fue el antecedente del 15M, como ya hemos escrito y publicado, por activa y por pasiva. La diferencia es haber pasado de la reacción (ante una mentira y un posible fraude electoral) a la ofensiva desobediente. Se intenta ahora desarrrollar más allá de sus límites una democracia representativa, que se entiende secuestrada por la clase política nacional y la casta financiera. La diferencia está en la autocomunicación de masas ligada a una crisis del sistema político-representativo: en 2004 se constata que somos incapaces de desalojar la mentira más nauseabunda. Y diez años después el 15-M se muestra capaz de interpelar a políticos y periodistas, para refundar dicho sistema político-comunicativo. Y el movimiento empieza a contar con medios periodísticos, propios y afines, capaces de promover ese cambio. El Diagonal de 2004 no es el de 2014, un autoanálisis os llevaría a veros como parte de un 4º poder en red en el que el periodismo convencional es a veces un compañero de viaje; el público movilizado en red, el principal activo; el medio Diagonal un nodo - no el centro - de un contrapoder que se expresa en red. Se nutre de las bases sociales, que se incorporan al proceso informativo al tiempo que despliegan la movilización; y crece en la medida que el poderío tecnopolítico se extiende a nuevos actores.



- Por último, quería preguntarte si recuerdas alguna imagen nítida sobre cómo se propagó información aquellos días (por ejemplo, una mía: ir andando por la calle Hortaleza, cuando la manifestación se movió desde Génova a Sol, y ver a una persona que iba empapelando las paredes con la noticia sobre Al Qaeda impresa de un digital norteamericano). ¿Alguna otra así?
 
Recuerdo aquellas 72 horas, desde los atentados a la votación, sesgadas por las imágenes que recogimos en los dos DVD que acompañan el libro. Tengo fijado el rostro de un chico punk reunido en Génova, sosteniendo un cartel manuscrito con dos palabras "Vergüenza y rabia". Resumía los ingredientes que luego cocinarían la indignación quincemayista. Y recuerdo las multitudes desobedientes que inundaron la madrugada en Madrid del 13 al 14, hasta desembocar en la estación de Atocha, llenando el Paseo del Prado y todos los carriles de la calle Atocha. O imágenes, como las que pillamos de las cámaras municipales, que muestran como se formó la concentración en Génova en apenas unos minutos. Recuerdo gentes abrazándose en la noche, recordando a sus muertos, pidiendo juntas un castigo político. Imágenes que ninguna televisión ha querido emitir diez años después.

BUENO, Marta. Ya me he pegado el currazo. Supongo que excede lo que necesitas. Es igual.

Me ha sorprendido tu énfasis en destinar dos preguntas a desmentir lo evidente: que ni el PSOE y Prisa lideraron las movilizaciones. También llevamos diez años, pidiéndoles a los periodistas que no califiquen de "espontáneas" esas movilizaciones. Nada hay espontáneo en el orden social, al menos desde que intentamos hacer ciencias sociales.

Creo que aún está por abordar el por qué de la incapacidad de los líderes y discursos más difundidos del 15M para reinvindicarse como herencia/continuación del 13M... Pesan razones personalistas y el deseo de encubrir errores de interpretación bastante graves en el 2004. Pero son chascarrillos de la izquierda/movimentismo madrileños, por eso lo he obviado.

Si le he dedicado tanto tiempo a este mail es porque creo que si no nos pensamos mejor lo que ocurrió hace diez años y dejamos que este aniversario pase como está pasando... Entonces, es que no tenemos perdón. No hay derecho a montar la que se montó con Évole y el 23F y que nadie haya recogido que la entrevista a Pedro Jota era mucho más lacerante...

Y, así nos va, empezamos a debatir sobre el 11M desmontando sus conspiraciones: lo de Prisa y el PSOE es de Libertad Digital, El Mundo y La Razón... de nadie más. Y, encima,  a los dos primeros les viene al pelo, para diferenciarse del resto.

Podíamos empezar preguntándonos por las pruebas que existen para mantener esas versiones, y descartarlas inmediatamente. Y, sobre todo, concederle el valor que tienen las muchas pruebas que nosotros y otras muchas ya aportamos hace 9 años.

29 de marzo de 2014

ST

Piensa en uno de tus platos de tapeo favoritos, por ejemplo, una croqueta. Una buena croqueta en un buen bar o restaurante sabe de maravilla: ¿puedes imaginarte cómo sabría en tu rincón favorito de la ciudad?, ¿recostado en un banco al solecito?, ¿o quizás de camino al curro, cual neoyorquino con su expresso? La respuesta es sí y no. Sí, porque si tienes muchas ganas podrías cocinar croquetas en tu casa y comerlas en la calle. No, porque no puedes hacer lo más sencillo: comprarlas allí mismo recién hechas, en un puesto callejero como los de los perritos calientes de las películas americanas.

No puedes porque en nuestra ciudad la street food (una concepto que arrasa en Asia, América e incluso en otros países europeos) no existe. Vale, todos hemos visto algún que otro carrito de helados, churros o castañas en la calle, pero ahí se acaba la cosa. Si has estado en Asia, por ejemplo, sabrás que los puestos de cocina callejera son mucho más que una anécdota: forman parte del paisaje urbano y del alma de su cultura.

Si, como nosotros, eres un foodie declarado, sabrás que últimamente, son unos cuantos los chefs que han saltado al rescate de este concepto olvidado en nuestro país, y que apuesta por una cocina desenfadada, popular y con alma callejera (David Muñoz, estrella michelín, reivindica la street food asiática en su barra del StreetXO, al igual que los chicos del Nakeima -local que arrasa en Madrid-). Y si está de moda, te preguntarás, ¿por qué seguimos sin ver carritos en las calles?

En España, y muy concretamente en Madrid, el espacio público lleva años siendo arrebatado a sus ciudadanos. Y la gastronomía no podía librarse: las instituciones han impedido que se desarrolle una cultura gastronómica callejera y popular conectada con los gustos y necesidades reales de las personas y que beba de la tradición de un país que siempre ha disfrutado de su ocio en las calles y plazas y en el que nació un concepto tan informal y callejero como el de la tapa.

Por todos estos motivos, hemos decidido crear una asociación que promueva la street food en nuestra ciudad y que ejerza presión en los gobernantes para que modifiquen las normas que nos impiden disfrutar del espacio público como punto de encuentro gastronómico. Queremos reconquistar el espacio común para convertirlo en un lugar de vida, interacción social y disfrute de una gastronomía más sencilla, informal, popular y asequible. Reconectar la cocina española con su territorio. Crear espacios comunes en los que converjan productores, cocineros, consumidores y ciudadanos. Apostar por una cocina de kilómetro cero basada en productos locales.

¿Quiénes somos? Gente como tú: un grupo de cocineros (Menuda Vida), abogados (Food law strategies), arquitectos (PezStudio), foodies (Eat and love) y, en definitiva, vecinos de Madrid. Sí, como nosotros, quieres street food en Madrid (y en España) YA, te invitamos a que mañana sábado conozcas nuestra iniciativa en un marco muy especial: el proyecto de laboratorio gastronómico  Foodlab en Medialab Prado coordinado por David Rodríguez, un lugar de innovación, creación y cultura colaborativa en el que desarrollaremos muchas de nuestras actividades y que mañana celebra su aniversario con el Festilab. Nos encontrarás durante todo el día en el patio del Medialab realizando nuestra primera acción de promoción de la street food en Madrid. Reivindicaremos otra manera de entender la gastronomía, otra manera utilizar los espacios comunes, otra manera de entender la vida. Si quieres conocernos, apoyar nuestro movimiento y sorprenderte, este sábado ven a la Serrería Belga a partir de las 13:00. ¡Te esperamos!

http://streetfoodmadrid.wordpress.com


España es un país que no sabe valorar o capitalizar su capacidad de innovación. La razón principal, es que es innovar en realidad no sirve para nada al ser un sistema donde los beneficios están repartidos entre unos pocos de antemano.

Repensar la innovación debería partir por tanto de esta premisa inicial: No puede haber labortorios o proyectos sociales sin capacidad instituyente. Si con nuestros actos no decidimos nada, la única opción lógicamente es la del exilio o la desilusión

D.